viernes, 22 de marzo de 2013

Desmitificando la agresión por gluten-caseína en autistas y su repercusión conductual.


Nota al margen: realizar esta publicación fue muy complicado a razón de poder sentir que entendía un tema muy complejo y del cual las publicaciones tanto coloquiales como científicas se contradicen. En ocasiones creía que tenía la imagen clara de que sucedía y al profundizar ante una leve duda, me surgían montañas de inquietudes más.

Un dolor interno, invisible que el niño no puede expresar verbalmente, y la única forma de comunicarlo a sus padres es a través de los trastornos de conducta. Esa es la base de las dietas para curar o revertir el autismo. Prevenir a través de la restricción alimentaria que los padres tengan que lidiar con los problemas conductuales del autista, derivados de que se formen productos opiáceos por proteínas que no se pueden digerir, los cuales producen permeabilidad intestinal que provoca que esos tóxicos lleguen directamente a la sangre. Si los padres utilizan la dieta mejorarán la salud de sus hijos aunado a que los niños estarán más atentos y tranquilos. Por ello se les recomiende una dieta sin gluten ni caseína.

A través de comprender la fisiología de la digestión y la absorción de las proteínas del gluten y la caseína en los seres humanos, se puede llegar a explicar de una forma diferente los mecanismos gastrointestinales presentes en los autistas (desde profundos hasta quienes manifiestan de forma leve con Síndrome de Asperger). Que considerar una intoxicación de origen alimentario como la base del origen del comportamiento conductual extraño, en realidad tiene otra procedencia: el estrés.


Consideraciones actuales sobre el peligro del gluten y la caseína para los autistas

Existen diversos postulados para explicar la permeabilidad intestinal en los autistas, una o más versiones solas o combinadas:


a)      Que el gluten y caseína perforan el intestino provocando una respuesta inmunológica.
b)      Que el intestino de los autistas no se desarrolló bien y es más poroso. Por ello es más susceptible. Siendo la razón del porque presentan muchos trastornos gastrointestinales.
c)      Que como esas proteínas no se pueden digerir se quedan estancadas en el intestino y que su descomposición produce fermentación y eso provoca una defensa del organismo que lleva a inflamación y el estancamiento va perforando el intestino.
d)      Que existe una alteración en la flora intestinal cuando se toman antibióticos y como los autistas tienen debilidad intestinal la invasión de hongos y levaduras que es alimentada por el consumo de azúcar produce que se enraizen en el intestino causando perforaciones.

Cualquiera entiende que perforaciones más tóxicos es algo muy grave y que una dieta restrictiva “sólo” producirá beneficios. Y sobre todo uno comprende que la alimentación actual básicamente industrializada produce complicaciones, por todos los agregados que contiene, por eso una alimentación sana siempre será una buena opción.


Antes que nada comencemos derribando un mito.



La generación de opiáceos endógenos mediante la digestión ocurre de forma natural en todo mamífero. Se ha detectado en perros, ratas, bovinos y humanos (incluso neurotípicos), siendo que están presentes en todo el sistema nervioso central y periférico diferentes receptores de opiáceos que produce nuestro cuerpo y que nos sirven para diversos procesos fisiológicos.

El gluten y la caseína tienen una peculiaridad son dos de las proteínas que al digerirse gástricamente forman péptidos que son transformados por las enzimas intestinales en oligopéptidos (opiáceos endógenos) y aminoácidos. Los oligopéptidos se fraccionan en diferentes tipos de partículas (que para motivos de investigación numeran en escalas, teniendo cada una de ellas una función específica), algunas de éstas, las exorfinas, son absorbidas pasando la mucosa intestinal por pinocitosis. Este proceso en términos coloquiales es que cuando la sustancia toca la membrana externa de la célula intestinal es transportada directamente hacia la sangre, sin producir daños ni porosidad. Cuando se toman lácteos se forman casiomorfinas y cuando se come gluten (trigo, avena, cebada) se producen gliodorfinas que sirven para procesos de la fisiología gastrointestinal.

Si bien se ha constatado que muchos autistas tienen problemas gastrointestinales como hinchazón y flatulencias es más factible que se deban a una deficiente masticación (comer de prisa, o tragar) o que se ingiera aire por estados de ansiedad.

La fermentación es un proceso natural de digestión y los gases que se forman también, todos los producimos pero son descartados sin notarse porque por lo general no tienen olor. Sólo cuando una persona es alérgica se producen reacciones defensivas ante estos procesos naturales, derivando en muchas manifestaciones corporales, no sólo de conducta.

Se ha detectado que las casiomorfinas tienen alta concentración en el duodeno*, y también en sangre, lo que sugiere que estos péptidos resisten a las proteasas intestinales y se absorben como tales. Las casiomorfinas son transportadas de la mucosa a la serosa, aumentando la absorción de sodio y cloro. Dosis elevadas producirían efectos catalépticos.

* El duodeno es la primera parte del intestino delgado donde pasa lo digerido por el estómago para mezclarse con los jugos del páncreas y la bilis para que de forma líquida puedan ser absorbidos los nutrientes en su tránsito por el intestino delgado, que se realiza mediante contracciones. Los péptidos son las proteínas digeridas y las proteasas son enzimas que ayudan en la desintegración de alimentos para que sean asimilados.

Aún se sigue investigando la fisiología de la digestión del gluten de forma natural. Pero los primeros resultados indican que tiene acción en el aumento del tono muscular, algunos derivados compuestos tienen un estimulante en la contracción, otros en la inhibición reversible de la misma cuando se mezclan con naloxona que es un antagonista opiáceo. Las exorfinas normalmente pueden llegar a los receptores de opiáceos en el sistema nervioso central sistema y activar su función. Incluso se ha encontrado evidencia de este compuesto tanto en sangre, tejidos como en el cerebro sin que en este último se pueda determinar cual es su función por el momento.

Cuando una persona tiene alergia al gluten la reacción es una atrofia en la mucosa intestinal. Según comprendo, a partir de lo que he leído sobre fisiología, la celiaquía surge cuando una persona no puede asimilar los compuestos que corresponden a la estimulación sólo los que inhiben las contracciones y junto a la inhibición que produce la casiomorfina de la mucosa intestinal conduzcan a la atrofia.


Como observamos en la imagen cuando las paredes intestinales se atrofian pierden tonicidad y la vellosidad intestinal se engrosa y acorta, siendo más amplio el espacio entre las mismos no permitiendo que el líquido digestivo quede atrapado entre ellos y se mezcle con las enzimas que lo disolverán hasta fracciones que permitan que se absorban los nutrientes a través de la mucosa. Es evidente que no se “perfora” sino que se expande y eso es lo que significa permeabilidad intestinal.

Para comprender como es la digestión podemos hacer un paralelismo a una anémona cuyos tentáculos se dirigen hacia la corriente marina y entre más largos son más nutrientes captan. Como en el intestino no hay “corriente” está se produce por los movimientos peristálticos, es decir, por el intervalo de contracciones y reposo.

Las exorfinas (productos opiáceos de la digestión entre las que están la caseomorfina o la gliadorfina) tienen efectos fisiológicos, pues inducen secreción de hormonas específicas como insulina y somatosatina. También alteran la absorción de iones. Aunque su efecto analgésico es reducido no es despreciable y podría tener alguna función antinociceptiva ante dolores de baja intensidad.

Aún no es clara su acción en el sistema nervioso central. En su investigación la Dra. Zidrou, ha señalado que para que las exorfinas tengan un efecto se requiere que se produzcan en el tracto intestinal; que se absorban sin degradación y pasen al torrente sanguíneo; que crucen la barrera hematoencefálica; que alcancen los receptores específicos a opiáceos y que interactúen con esos receptores. Se han encontrado fracciones muy bajas que llegan al cerebro.

Entendiendo la fisiología de las exorfinas y que éstas se absorben sin degradación durante la digestión de manera natural, comencemos por descartar eso de que “sólo ocurre en los autistas por su permeabilidad intestinal”.


Teorizando la fisiología de las exorfinas en los autistas

Comprendiendo que es parte de la naturaleza digestiva que todos los seres humanos al digerir gluten y caseína produzcan exorfinas que ayudan para que funcione bien el organismo, si no existe ninguna alergia alimentaria que trastoque ese mecanismo. Que el intestino de un autista no es por naturaleza ni débil, ni poroso, ni deficitario. Resulta más coherente considerar esta hipótesis:

Si algo puede motivar trastornos digestivos y que se secreten más exorfinas (éstas sólo se generan por requerimiento de los receptores) proviene porque el autista no posee la habilidad innata para inferir que harán las personas que están cerca y eso provoca incomodidad, o sentirse amenazado, porque no puede comprender las acciones y reacciones de la gente con quien se ve forzado a convivir.

Un estrés crónico que ocurre con cada persona con quien el autista interactúa y sienta desconfianza, conduce a que la digestión se vea interrumpida constantemente para que la sangre se dirija a las extremidades preparándose de forma natural para una reacción y eso sea la razón lógica de las acciones gastrointestinales.

Esa necesidad “defensiva” provoca que se eleven las concentraciones de caseomorfina para generar un efecto anestésico inhibidor de las contracciones intestinales y de la gliadorfina para estimular las mismas en cuanto se relaje. Siendo la alta concentración de estos lo que encontraron los precursores de los tratamientos dietarios en la orina pues son los desechos de todo lo que el autista no necesito realmente. Y los trastornos gastrointestinales ocurren porque el organismo no está diseñado para funcionar bajo la condición de estarse “frenado” constantemente.

En lo que he leído sobre autismo y trastornos intestinales aún no he visto que los investigadores coincidan con esta hipótesis. Supongo porque se considera improbable que alguien sano sienta ansiedad en presencia de otro ser humano, porque las personas neurotípicas se sienten confiadas en su capacidad de inferir o anticiparse a lo que hacen los demás, o no se preocupan demasiado porque en caso de fallar confían en la protección social y sea por ello que los científicos se están enfocando en considerar la hipótesis de la agresión alimentaria, sin tomar en cuenta el factor de estrés como causal. 

Se considera que en el autismo existe la capacidad innata de pensar socialmente, aunque el hecho es que las personas dentro del espectro autista neurológicamente no adaptan instantáneamente su razonamiento al pensamiento social (pensar al ver a otra persona, antes de interactuar, en que es lo que ésta puede querer, desear o necesitar). El autista demora más en realizar esos razonamientos porque para ello debe recurrir, de forma consciente, a su memoria o a tratar de calcular, o conjeturar, probabilidades a ciegas de lo que la persona que tiene frente a sí podría precisar. Esta diferencia de sincronía es evidente,comprende que no tiene la habilidad natural de "leer a los otros" y esa es una de las fuentes de su estrés.

Algunos estudios realizados en Estados Unidos por Francisca J. A. van Steensel, et al. sobre la ansiedad y su relación con el espectro autista, se encontró que casi un 40% presenta algún grado de ansiedad clínica. La muestra abarcó niños y adolescentes menores de 18 años, obteniéndose los siguientes resultados: fobia específica fue lo más común en casi 30%, seguido por el trastorno obsesivo compulsivo en 17%, trastorno de ansiedad social y agorafobia en casi 17%, trastorno de ansiedad generalizada en 15%, trastorno de ansiedad por separación en casi 9&, y trastorno de pánico en casi un 2%. A modo de comparación, los trastornos de ansiedad en niños con desarrollo normal se estima que ocurren en 2.2-27%.


Mi experiencia

Veamos si sufrir de un trastorno gástrico, ser ermitaño; asocial, indicase que uno es más propenso a “intoxicarse” con la comida por poseer un intestino permeable y débil, me permito establecer por mi experiencia que no es así. ´La suposición de que nuestro cuerpo se “autodroga” produciendo más opiáceos implicaría cambios conductuales independientes de la situación o actividad. Nuestro cuerpo no puede producir en exceso un neuroquímico que no necesite y una deficiencia o abundancia de los mismos provocaría estados permanentemente alterados de conciencia, además de trastornos físicos diversos.

Siendo autista “invisible” durante casi 4 décadas, expuesta a todos los “factores de riesgo” dietarios, habiendo recibido vacunación completa, pongo en duda la afirmación que exponerse al gluten-caseína, alimentos azucarados, industrializados, harinas refinadas, los métodos de cocción de alimentos como el uso de microondas cause alteraciones en la habilidad adaptiva y de desarrollo básicos para poder vivir de forma independiente, que provoque inatención, hiperactividad y trastornos conductuales.

Para ejemplo mi dieta en la actualidad consta de: Productos de harina refinada, pastas, arroz, galletas o pan, té, café, aguas saborizadas, carne vacuna, de cerdo, pollo, pescados y mariscos, pizzas, empanadas, huevo, frutos secos, semillas, algunas frituras, manteca, aderezos, aceite de oliva, vinagre, condimentos, lácteos sobre todo queso y yogures, chocolates, gomitas o caramelos, verduras, hortalizas y frutas en poca cantidad, pocas legumbres, algo de entomofagia. Utilizando sin distinción diferentes métodos para cocinar y cada vez menos sal.

Desde la niñez hasta más o menos mis veintitantos años fue: Lácteos, pan de panadería o envasado y panificados industrializados dulces con chocolate o mermeladas en abundancia, tortillas de maíz, cereales con azúcar, pocos fiambres, huevo, pastas, legumbres, verduras en sopa, carne vacuna, pollo, conejo, pescados, pocos aderezos, golosinas varias, picante, frituras, casi no consumía bebidas gasificadas o esperaba a que disminuyera el gas para beberlas, endulzando con azúcar blanca refinada. Detestando las comidas demasiado blandas y gomosas, pero con gusto por probar comidas raras desde la adolescencia. Siendo una de las características sobresalientes de mi personalidad que era una niña que no daba problemas, tranquila y risueña, bastante juiciosa para su edad. Tanto que me tomaban como ejemplo para mis hermanos mayores.

Luego de un ataque de gastritis en los primeros años de mi adultez que remitió con acupuntura, donde también incremente mi nivel de actividad, aunado a una dieta durante casi 3 años ovo-lácteo vegetariana, donde consumía muchos alimentos con soja.

Mi nivel de estudios es universitario, de niña el método de crianza fue indicarme la meta que debía cumplir y dejar que me organizara sola al notar que no necesitaba que me guiaran. Fui alumna destacada hasta que entre a la tecnicatura en el área de físico matemáticas y luego incursione en lo que sería artes plásticas sin que sobresaliera en ninguna de las dos, salvo en las cuestiones que requiriesen análisis de datos o temas mecánicos, es decir, “normalizándome” a la par que sociabilizaba sin sentir que existiera una diferencia significativa.

Un patrón común en mis interacciones sociales es que suelen ser breves (porque siempre tengo algo que hacer) y con fines prácticos. Es decir, por compartir un proyecto en común. Cuento con pocos amigos donde existe un mutuo aprecio y que entienden que mis actividades tienen mayor prioridad que las personas. Y no importa que pasen los años, cuando nos reunimos es como si no hubiera pasado el tiempo y me siento en armonía con ellos.

Quizá la mayor diferencia que puedo tener con una persona neurotípica es que me considero independiente, disfruto mi ermitañez, estar la mayor parte del tiempo sola sin nadie que me ande dirigiendo, observando, criticando. Disfruto incluso poder viajar y no tener que depender de nadie. No soy de buscar reunirme con gente, pero si la propuesta me parece interesante y siento armonía disfruto las actividades sociales o las reuniones, sobre todo observar o escuchar cuando narran historias de vida y opinar extensamente. Adoro escribir y charlar con gente por internet, lo cual me permite poder hacer varias cosas a la vez sin sentir incomodidad por no ser demasiado cortés con ellos.

Con gente que no siento armonía, si no estoy desplazándome o caminando entre ellos, estar rodeada y tener que darles prioridad me altera. De carácter normalmente apacible y dulce, cambia a hostil, descortés y/o tajante cuando me acosan, interrumpen, si percibo una sensación de desagrado al interactuar con alguien o me parece incoherente lo que hacen o piden.

De hecho mi primer ataque fuerte de gastritis fue cuando trabaje en una gran empresa editorial, donde tenía gente a mi cargo y donde la subgerente estaba demasiado pendiente de mi, incluso hasta de como me vestía y con quien salía a comer. No dure mucho tiempo y preferí trabajos donde pudiera estar sola la mayor parte del tiempo.

Mis trastornos conductuales violentos, de hacer berrinches, azotar o golpear cosas corresponden a crisis de ansiedad relacionadas a la interacción social. Se desencadenaron con virulencia al migrar y enfrentarme a una cultura menos tolerante y menos diplomática, a tratar siempre con gente ayudando a mis amistades en un comercio con atención al público, siendo trabajólica no lograba coordinar o encontrar momentos donde estuviera sola y sin interrupciones por horas. Al estar en un ambiente de jerarquía intermedia donde me controlaban todo el tiempo, criticaban mis decisiones, donde más que un cerebro me sentía una extremidad que tenía que “obedecer” sin replicar y a la vez tenía que demostrar autoridad y no igualdad ante quienes colaboraban conmigo, donde me sentía “acorralada” y mi nivel de responsabilidad me impedía alejarme. Incluso me apodaron “calecita” por mi tendencia a dar vueltas antes de seguir instrucciones y al tratar de mantener distancia con la gente pero a la vez tener que permanecer en el mismo sitio, lo que origino el estar en movimiento constante, hacer todo pero sin terminar nada.

Estar por años expuesta a eso provocó ataques de pánico y una sensación similar a que el estomago me iba a estallar, aunado a muchos eructos nocturnos, trastornos digestivos y urinarios. Esa situación fue la que condujo al descubrimiento que soy autista y a deducir que mis trastornos gastrointestinales surgen cuando la gente quiere que no piense, que sólo siga instrucciones, que me “acople” a lo que debería hacer, o bien cuando tengo que estar pendiente de lo que otras personas hacen, es decir, a estrés prolongado causado por interacción social forzada.

Salvo ese trastorno gástrico soy una persona sana, prácticamente no me enfermo, no tomo medicamentos, cuando llego a sentir algún dolor como punzadas gástricas, dolor de cabeza o incluso en estados gripales lo soporto y se me pasa si me pongo a realizar alguna actividad física o mental.

Por ello creo más valido considerar que los trastornos digestivos que presentamos los autistas son motivados fundamentalmente por el estrés y el temor que nos da convivir con la gente. Que las reacciones de nuestro cuerpo ante esa amenaza pueden conducir a una cantidad diferente de sedimentos en la orina, a un aumento en ciertos neuroquímicos e incluso las manifestaciones disruptivas como estereotipias, hiperactividad y conductas arrogantes como una forma que tenemos los autistas de tratar de nivelarnos mediante la acción. Lo que buscamos indicar es “estamos ansiosos, queremos que se alejen o nos dejen apartarnos hasta tranquilizarnos”.


Las dietas restrictivas

Investigando sobre la dieta del gluten y la caseína, uno de sus argumentos es que hallaron diferencias en los compuestos químicos presentes en la orina de niños autistas. Uno de los pioneros en mencionar que algún producto de la alimentación provocaba trastornos conductuales fue en 1991 el Dr. Shawn con base a 3 casos consideró a las levaduras como las responsables a partir de una comparación entre 2 hermanos con debilidad muscular con 2 niños normales. La hipótesis de Shaw sobre la relación de los compuestos anormales procedentes del tracto gastrointestinal y el autismo, y el tratamiento de estos microorganismos para mejorar su conducta se reafirmó, con el estudio de otro niño autista, cuyos padres manifestaban cambios conductuales a partir de una infección de oído y los antibióticos consumidos. Después de los antibióticos y la infección por levadura, el niño no volvió a pronunciar una sólo palabra, se volvió hiperactivo, perdió el contacto visual, no era sociable y su patrón de sueño estaba muy alterado. Luego del tratamiento antimicótico se recuperó.

A partir de ahí se comenzó a especular la relación de la alimentación con el autismo. Y se inicia la experimentación con dietas que tuviesen la base de alguna relación con problemas gastrointestinales y trastornos de conducta. Entre ellas una dieta especial para celiacos considerando que el beneficio justificaba el costo de su implementación, la dieta GFCF.

El Dr. Karl Reichelt encuentra elevados niveles de exógenos en la orina de los autistas, similares a los que se producen en alergias alimentarias, encontrando con frecuencia en sus muestras anticuerpos de IgA que considera producto de un alto consumo de proteínas. Indicando que una reacción alérgica puede explicar la indiferencia social, los rasgos psicóticos y de analgesia en autistas. Considera que ello surge porque genéticamente en los autistas no existe la capacidad para digerir las proteínas de la leche y el trigo, provocando daño intestinal.

Pionero de la dieta, y uno de los propagadores como exitosa para autistas, el Dr. Paul Shattock (quien tiene un hijo autista y dirige un centro de apoyo para autistas en Gran Bretaña) condujo un estudio en niños con TEA entre 4 a 10 años 11 meses con un nivel bajo o moderadamente bajo de dominio en la comunicación, sociabilización y habilidades de la vida diaria, sin estar en tratamiento farmacológico, siendo el criterio de exclusión alguna comorbilidad como epilepsia, síndrome de fragilidad X, esclerosis tuberosa, maduración del desarrollo menor a 24 meses. La muestra fueron 38 con dieta estricta libre de gluten y caseína (que se recomendó darles un suplemento vitamínico que incluyera calcio para compensar cualquier deficiencia nutricional durante los 2 años que duró el estudio), 34 sin dieta. Encontrando una mejoría significativa en niveles de atención e hiperactividad en quienes llevaron la dieta el primer año y no siendo tan concluyente durante el segundo año. Considerando que en algunos niños podría la dieta conducir a cambios de comportamiento, pero sin haber utilizado un placebo no podían dar resultados concluyentes. Se proporcionó un apoyo nutricional completo para evitar deficiencias con la dieta restrictiva. Siendo su metodología de análisis muestras de orina, en modo ciego, es decir, quienes analizaban las muestras no sabían a que grupo pertenecían, test conductuales donde los padres indicaban los síntomas del autismo: interacción social, comunicación, esterotipias y conductas disruptivas. Para los propósitos del estudio fueron analizados los siguientes comportamientos:
Habilidad adaptativa y de desarrollo.
Inatención e hiperactividad.

Con la propagación del rumor entre padres desesperados de que la dieta funcionaba, sin evidencia más allá de la opinión de que podría ser factible, sin existir investigación que comprobase de forma rotunda la eficacia de la misma, motivó a un grupo de científicos del Centro Médico de la Universidad de Rochester, liderados por la Dra. Susan Hyman, para comprobarlo mediante un estudio controlado. Se realizó una muestra con 25 participantes, con anotaciones más precisas de alimentos digeridos, cambios de conducta y un grupo de control donde se les administraban productos con gluten y caseína disfrazados en otras comidas y su conducta era observada por investigadores. Con esta investigación, se mostró que no existían cambios conductuales, e incluso en algunos la ingesta de los mismos les mejoraba el humor, sólo un paciente que tenía celiaquía mostró los cambios favorables al suprimirle esos alimentos. Motivo por lo cual para la comunidad científica quedo descartada la dieta como factor de mejora en los trastornos de conducta autista.

Leyendo los resultados del estudio del Dr. Shattock para conocer la metodología utilizada y las conclusiones, desde la fuente, se puede observar en la tabla que adjunta el estudio que no se muestran diferencias significativas entre los test del grupo con dieta y sin dieta, salvo en el ítem de atención e hiperactividad, siendo curioso el dato que había más niñas que niños dentro del grupo con dieta, y que las niñas autistas por lo general presentan menores rangos que los niños en ambos ítems. Por lo cual la prevalencia de déficit de atención e hiperactividad en el grupo de no dieta donde había más niños es lógico que no tuviese cambios significativos dado que en el grupo dieta a menor proporción de contraste, mayores resultados de avance.

Dentro de las conclusiones de la misma manifiesta: Debido a la complejidad y potencial de deficiencia nutricional como resultado de largo plazo de una dieta de exclusión, un adecuado soporte clínico y dietético deberá ser utilizado durante cualquier intento de hacer tales cambios en la dieta. Dentro del estudio no se pudieron medir los riesgos para la salud a largo plazo asociados a dicha intervención dietética. Algunas deficiencias nutricionales en niños que llevan esta dieta se han mencionado: disminución en aminoácidos, electrolitos y vitaminas. Y requiere de algunos suplementos dietéticos.

Una particularidad de la publicación científica del resultado del estudio es que si bien se menciona constantemente la importancia de las muestras de orina donde se buscaron indicadores de una eficiencia dietaría, en los resultados que muestra y en los que avala la eficacia de la dieta muestra únicamente los de los test respondidos por los padres, sin que exista ninguna tabla o compendio de lo encontrado en la orina de los chicos antes, durante y al finalizar la dieta. Quizá ese haya sido el motivo para mencionar que no existían controles y descartar la validez del estudio. Sin esos valores que indiquen que la dieta a la par de la modificación de conducta disminuía las exorfinas que se supone causantes de las mismas, no posee evidencia no subjetiva.


Sin embargo, los defensores de la misma insisten y justifican basándose en algunas afecciones que representan menos del 10% de individuos dentro del espectro autista (como duplicaciones del cromosoma 15, esclerosis tuberosa, fragilidad X, fenilcetonuria, neurofibromatosis, entre otros) en que debe existir algo en esos alimentos que provoca una conducta atípica en todo autista y que “más vale prevenir”.

Conjeturan en que debería existir ante su ingestión, en la fermentación un factor desencadenante del trastorno conductual. Considerando que se reportaban trastornos digestivos en los autistas: hinchazón, flatulencias, reflujo entonces algo debería ocurrir en los intestinos, dedujeron (sin investigarlo mediante grupos de control) que la fermentación de las proteínas en especial de la glicina y la caseína deberían producir una reacción inmunológica en los autistas aún sin ser alergia y que como los trastornos conductuales eran semejantes a los efectos con agentes opiáceos; entonces en la fermentación, ocurrida en el intestino, los autistas absorbían esas sustancias tóxicas que sólo ocurrían con esos dos tipos de alimentos por un desorden del metabolismo que con la inflamación y las reacciones defensivas del cuerpo producían permeabilidad intestinal haciendo que estas sustancias fuesen directo a la sangre, o bien produciéndose reacciones semejantes a las etílicas que conducían a las dificultades motoras y falta de concentración.

Investigadores midieron la mucosa intestinal sin encontrar alteraciones en las misma, ni una diferencia evidente entre los intestinos de un autista y pacientes con problemas gástricos no autistas. Lo que si encontraron es que una constante inflamación modifica la sensibilidad intestinal, haciendo que cualquier mínima variación en la presión se perciba más (hipersensibilidad que al estar conectado por el nervio vago el intestino con el cerebro conlleva a mayores estados de alerta). Evidencias fisiológicas mostraron una mayor prevalencia de problemas gástricos en la parte superior (estómago, esófago) y en el colón. Y problemas con las cardias, contracciones o distensiones involuntarias de las mismas (las cardias son las válvulas que controlan el flujo o reflujo gastrointestinal) causantes entre otras cosas de meteorismo.

La hipótesis que está prevaleciendo en los últimos años, retoma las ideas de Shawn pero con el agregado de considerar que las bacterias, hongos y levaduras que se pueden desarrollar en el intestino, cuando la flora intestinal es modificada por el uso de antibióticos y la alimentación actual donde abundan los productos industrializados podría haber colonizado el mismo produciendo los efectos opiáceos. Donde fuesen los residuos no digeridos de las proteínas, o los hongos, los que provocarían permeabilidad intestinal, y donde al proliferar la flora dañina en vez de la flora benéfica el cuerpo no pudiera depurarse naturalmente absorbiendo tóxicos que alteran a los niños autistas, o que se generen mayores trastornos conductuales por las mismas. Considerando que debería restringirse también el azúcar y la fluctuosa por ser el alimento de las bacterias y la levadura, en especial la Candida Albicans. Sin ser tan radicales de indicar que la dieta de supresión deberá ser para toda la vida, como el caso del gluten y caseína, sino tan sólo en lo que el cuerpo se reequilibra a través de una dieta depurativa. Es decir que las infecciones gastrointestinales son lo que provoca los trastorno conductuales.

Para tratar de explicar el porque los autistas son susceptibles a esas sustancias, y el resto de la población no, se ha supuesto que alguna deficiencia genética debería existir al momento de la formación del intestino delgado durante la gestación. Y que por eso los autistas tienen tantos problemas gástricos, como si los intestinos no se hubiesen desarrollado completamente. Pero como mencionamos anteriormente, no existe evidencia de malformación intestinal que lo sustente. 


Conclusiones

Se habla de una pandemia porque si antes la relación entre autistas profundos (que era los únicos que llegaban a ser tratados clínicamente) era de 1 en 2500, a raíz de considerarse un espectro autista con diferentes grados la relación es de 1 en 170 ó 250 niños. Dentro de esa proporción no se está considerando la población de autistas adultos “invisibles” que han sabido adaptarse a las exigencias sociales, que quizá sean padres y ellos mismos teman tener que criar a un hijo “inadaptable” recordando sus propias dificultades sociales.

Existe un terror hacia el autismo, pero si consideramos que la naturaleza tiende a equilibrar para sanar... ¿no será que la “pandemia” de autismo es la forma que existe para que nazcan más seres que sean capaces de cuestionarse? Seres que intenten tomar decisiones individuales o, si se sienten inseguros, retraerse antes que cometer una tontería de la cual luego se arrepentirán por dejarse llevar por lo que digan los demás sin haberlo analizado a fondo antes (si nos referimos a las dietas costo en términos económicos, nutricionales, de estrés).

Para el caso de las dietas aunque mucha gente se deja llevar por “le sirvió a fulanito de tal” cito que para la comunidad médica la conclusión de los numerosos grupos de trabajo es que no existe evidencia documentada de modo científico, que pruebe que los factores ambientales estudiados sean por sí mismos causantes del autismo. En contraposición, el autismo es considerado por los expertos como el más “genético” de los trastornos neuropsiquiátricos en la infancia. El criterio actualmente aceptado es que una dieta restrictiva, libre de algún o algunos nutrientes, debe instaurarse sólo cuando la persona con autismo padece alergia y/o sensibilización documentada con las exploraciones específicas a nutrientes concretos, y no sólo por el hecho de presentar autismo.

A un autista se le dificulta y presenta una ansiedad tremenda cuando tiene que aplicar técnicas de negociación y manipulación social porque sabe que traiciona lo que constituye, para si, una realidad natural. Es decir, cuando para sobrevivir interactuando socialmente se siente obligado a tener que exagerar una información o distorsionarla para lograr que otro haga algo que quiere que realice, sin darse cuenta que lo está obligando. Esa perfección de la sutilidad que suele tener la gente neurotípica, donde el otro parece que coopera de buena gana, aunque intuya que no existe equilibrio ni cooperación equilibrada, pero quien manipula le haga creer que sí, aunque sabe de antemano que no será realidad. Los autistas sólo cuando no tienen que “obligar” a nadie a cooperar con ellos, que participan voluntariamente al parecerles lógico lo que propone o quiere el autista, entonces sociabilizan perfectamente y no presentan “berrinches” por frustración.

Cabe aclarar que la cuestión de no aplicar técnicas de negociación o manipulación no es por desconocimiento en la adultez, suelen ser buenos observadores en general y comprender que ocurre en su entorno. Pero cuando las aplican son plenamente conscientes y eso también genera estrés, es un “beneficio” con un alto costo.

Los autistas son personas que están entre la espada y la pared, porque aunque pueden aislarse y sentir paz, también necesitan de los demás y de su cooperación para algunos aspectos de su subsistencia. Puede haber muchos métodos para evitar agresiones externas como las alimenticias, pero para lo social la única forma que tienen es tratar de encontrar formas para relajarse y disminuir los niveles de estrés para evitar trastornos gástricos severos.


Curiosidades de los opiáceos:

Agonistas opiáceos producen efectos de bienestar, euforia, placer, sedación.
Antagonistas opiáceos producen efectos mal humor, irritabilidad, tristeza, ansiedad.


Referencias:
http://www.asperger.es/publicaciones.php?id=3&cap=182&cat=9 (Secciones: 4. ¿Por qué la relación Gluten-Caseína y Autismo?, Discusión)
Gastrointestinal Factors in Autistic Disorder: A Critical Review. Craig A. Erickson,1–3 Kimberly A. Stigler,1,3 Mark R. Corkins,2,3 David J. Posey,1,3. Joseph F.
http://link.springer.com/article/10.1007/s10567-011-0097-0/fulltext.html
http://www.dsalud.com/index.php?pagina=articulo&c=1670
Eating for autism. The revolutionary 10-step to help threat your child´s Autism, Asperger´s and ADHD. Elizabeth Strickland.


Desmitificando la agresión por gluten-caseína en autistas y su repercusión conductual. por Fanny Trías se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported.

martes, 5 de febrero de 2013

La psicopatía autista, o la falta de buen trato hacia los demás


Actualmente psicópata y autista son dos términos antagónicos, polos opuestos, en la literatura médico-científica. Pero en la vida cotidiana es como si fuesen dos caras de una misma moneda y de hecho el autismo en un tiempo fue considerado una psicopatía por sus efectos sociales. 

Es difícil distinguir que diferencias existen dado que hay muchas similitudes y a la vez oposiciones, en cuanto a cómo y por qué las personas psicópatas o autistas tratan mal a la gente, porque son crueles o no tienen empatía.

Refiriéndonos a la empatía Simón Baron-Cohen distingue la empatía en dos partes: la capacidad de identificar y, por otra parte, de responder adecuadamente a los pensamientos y sentimientos del otro. En otras palabras la capacidad de leer la información que el otro nos provee que nos permite identificar sus probables pensamientos o sentimientos y, por otro lado, hacer una buena interpretación de la misma que nos permita responder adecuadamente a lo que observamos, beneficiando a los demás.

Si hablamos en términos neurobiológicos la empatía es un proceso mental, práctico para vivir en sociedad, permite la cooperación y la solución de problemas. Donde se toma como base de deducción la información que los otros nos proveen indirectamente, hace uso del conocimiento que cada uno posee a fin de llegar a algo que pueda favorecer a los demás. Aunque a la persona que realiza ese proceso (de pensar una solución) no le ayude necesariamente. Es indirecto porque permite ahorrar tiempo, y la persona que tiene una dificultad no tiene que estar plenamente consciente de la misma, sino confiar que los otros la van a detectar. Si la persona tiene que emplear su capacidad mental para encontrar la solución, no necesitaría de los demás y podría ser totalmente independiente (tal como sucede con los autistas y psicópatas que se dan cuenta de que son diferentes a los demás y que no logran colaboración innata de los otros). La mayor parte de la población depende de los demás y es inhábil para valerse, pensar y decidir por si mismo todo el tiempo.

Como el grueso de la población puede ser empático (consideran que los otros podrían ser ellos, utilizando el principio de te ayudo porque puedes ayudarme) son percibidos como extraños tanto autistas como psicópatas. Existe otro punto que establece una brecha entre la media y los “no empáticos”, su conformación neurobiológica que hace que procesen la información del exterior de forma diferente. Considerando el principio de empatía de Baron-Cohen podría decirse que:

Los autistas no captan la información de los otros de forma indirecta, sólo captan información puntual y directa que les transmiten los demás en base a lo que quieran comunicarles. No utilizan su nivel de conocimientos para ponerse en el lugar del otro, porque saben innatamente que la información de vida y experiencias son diferentes, por tanto no pueden inferir un comportamiento adecuado para algo que desconocen o dudan de que sea real, de hacerlo tienen que tomarse un rango de tiempo más amplio que la media de población para la misma actividad.

Los psicópatas si captan la información de forma indirecta, son sumamente ágiles en hacerlo pero no responden adecuadamente sino que lo que deducen de la información, tanto directa como indirecta, es para utilizarla ventajosamente para favorecerse a si mismos. Poseen también un pensamiento sumamente lógico que les indica que son diferentes a la media, se diferencian de los autistas en que necesitan de los demás e intuyen que los otros no van a cooperar innatamente con ellos, por tanto, infieren que tienen que forzarlos, por lo cual tienen la habilidad de pensar rápidamente en que es lo que los otros necesitan a fin de aprovecharlo a su favor. Es decir, en términos de razonar las probabilidades de pensamiento de los demás son mucho más ágiles que la media, aunque no toman en cuenta la información con respecto a los sentimientos porque no les sirve.


Percepción de los convivientes con respecto a la conducta no empática

En cuanto a la percepción externa de la conducta no empática por parte de quienes la sufren, las similitudes que existen es que en los polos del espectro de empatía las personas no comunican “quienes son” de forma normal. Incluso es distinto el lenguaje indirecto que pueda permitir a los demás deducir las intenciones. La diferencia no visible es que el autista le es difícil tomar en cuenta la información que recibe de los demás (se basa en su propio conocimiento) y puede ser por esa razón muy ingenuo, testarudo o imprudente y el psicópata si tiene esa facilidad de comprender a los otros y utilizar la información que le brindan, por tanto puede ser más astuto.

El espectro autista que va desde el autista profundo que no se comunica con los demás (al no interactuar no constituye un peligro), hasta el que si representa un gran molestia social por su comportamiento intransigente.

Quizá sería conveniente aclarar que el espectro psicópata es muy amplio. Va desde la gente que es influenciable fácilmente por su nivel de inseguridad en si mismo y se subordina a los deseos de los demás pasando por el manipulador y llegando hasta el psicópata desalmado. En otros términos desde el que se deja dominar por otros y se victimiza, hasta el que domina a los demás y los tiraniza.

Este último, el desalmado, es la imagen social que se tiene al hablar de psicopatía, aunque constituye un estereotipo basado en el menor número de psicópatas que representan real peligro para la sociedad.


Los psicópatas

En el libro titulado “Las Personalidades Psicopáticas” de Kurt Schneider entre varias de las definiciones menciona una muy interesante, que quizá haya influenciado al Dr. Hans Asperger para la denominación “psicopatía autista”, la de Verbeek: la alteración fundamental de las psicopatías es un fallo del ser-en-el-mundo (del co-ser), una defectuosa disposición hereditaria para la comunicación interhumana.

Schneider entiende personalidad como el conjunto de sentimientos y valoraciones, de sus tendencias y voliciones sin incluir en ella la inteligencia. Define la psicopatía como: Los psicópatas son personalidades anormales que a consecuencia de la anomalía de su personalidad tienen que llegar más o menos, en toda situación vital, bajo toda clase de circunstancias, a conflictos internos o externos. El psicópata es un individuo que por si sólo, aunque no se tengan en cuenta las circunstancias sociales, es una personalidad extraña, apartada del término medio. Lo perturbador, lo socialmente negativo, es, frente a la personalidad anormal algo secundario.

Siguiendo con lo plasmado en el libro se califica a alguien como psicópata cuando sus defectos se limitan esencialmente a la vida afectiva y a la voluntad. Pero a la vez Gruhle basándose en lo anormal indica que incluso un genio es un psicópata ya que sobresale del término medio pero a los médicos sólo le llegan las “personalidades con conflictos”; es decir, aquellos psicópatas que sufren o que resultan lesivos para la sociedad. Y se aclara en el libro que no es fácil encontrar psicópatas “puros”, sino que se mezclan dentro de las categorías que Schneider definió como personalidades psicopáticas y que son la base de la catalogación actual criminalística.

Schneider indica: Cuando se califica como patológico al perturbador social o al inepto, se emite un juicio de valor, a partir de cualquier punto de vista preconcebido, ideológico o sociológico; es decir, se utiliza el concepto de enfermo de un modo completamente figurado y sin significación objetiva. Se llama entonces patológico a lo que se halla en pugna con la propia opinión o convencimiento o con la ideología reinante.


La valoración o juicios sociales de la falta de empatía

Parecería que éste concepto de hacer juicios de valor social con respecto a las personas es la base de la naturaleza ideológica actual, incluso de la diagnóstica, donde se espera que en función de lo que se considera es la empatía, las personas sean capaces de trabajar en equipo y convivir siguiendo la media.

Se calificará de anómalo leve a aquella persona, por ejemplo un adulto, a quien no se le nota ningún comportamiento sumamente extraño en su trabajo o en interacciones breves, pero donde se percibe ineficiencia social en cuestiones de convivencia a largo plazo, negociaciones personales y resolución de problemas grupales que implique modificar la voluntad del otro. Es decir, para un observador la persona podría ser normal en el ambiente laboral o en interacciones breves porque ha aprendido a imitar comportamientos que se consideran correctos, pero en el resto del tiempo, dado que ese esfuerzo mental le produce agobio y deja de ser práctico, muestra su falta de empatía.

La conducta anómala en términos de valores sociales es que el autista daña a los demás con su intolerancia, brusquedad, su sinceridad despiadada inmisericorde, su forma de hacer sentir a la gente que le estorban y que es mejor que estén lejos, pero a la vez exigirles que tienen que hacer las cosas bien y dar lo mejor de si, su hermetismo, su arrogancia de que no cooperará con otro cuando lo necesite sino cuando crea conveniente o “quiera”, su soberbia de manifestar vehementemente que no le importa el criterio de los demás porque considera que tiene argumentos y conocimientos válidos que le dan la razón. Daña porque no “sabe” doblegarse,  porque no quiere ceder.

El psicópata daña porque aún siendo evidente que utiliza a las personas las manipula de tal forma que sientan que son participes ineludibles de lo que les sucede, no por las acciones del psicópata sino por las suyas. Es decir, porque les transfiere a los demás toda la responsabilidad y las causas de sus actos. Dependiendo del tipo de psicópata puede establecer un principio de “dependencia” (ese si te vas me muero) o un principio de “honor” y de promesa (que no tiene la menor intención de cumplir) de reciprocidad a futuro dependiendo siempre de que tanto coopere la gente con él. Es una actitud condicionante y no permite que los demás se aparten de él o de sus ideas porque no quiere que sean conscientes de la realidad y no le conviene. Busca controlar las voluntades ajenas.


La convivencia

Para la gente conviviente que sufre de los efectos de estar cerca de una persona dentro de los polos del espectro humano no empático la sensación de impotencia ha de ser similar. Ese percibir que falta reciprocidad afectiva.

La diferencia es que con el autista se nota continuamente que existe un distanciamiento y aparte trata mal a la menor provocación, tiene poca “paciencia” con la gente causando el inmediato rechazo (que en una actitud natural provocaría el alejamiento entre ambos, pero que si se da en un ámbito de responsabilidad donde ninguno puede separarse por ser complicado se toma como una actitud dictatorial), así es probable que alguien sufra más al lado de un autista que conviviendo con un psicópata. Pero ¿qué tiene el autista que a pesar de su forma de trato tan bruta y cavernícola alguien quiera estar a su lado? ¿Esa gente es masoquista?

Una de las cuestiones hirientes que tiene, un Asperger sobre todo, es “poner a la gente en su lugar” a nivel intelectual; suele menospreciar su capacidad con frases poco corteses llevando a que la persona cercana se sienta insultada o menospreciada. Pero a la vez se percibe que el autista tiene cierta capacidad, habilidad o cualidades morales que son difíciles de encontrar en la gente común y que intenta reparar sus errores, hacerse responsable (porque ser bruto no es algo inherente sino conductual). Una vez que entra en razón y sabe que hace daño puede aprender a ser diplomático o a alejarse antes de agredir a otros, es decir, a tomar la iniciativa para evitar herir en vez de esperar que los otros se hagan cargo de su conducta.

En cambio convivir con un psicópata puede parecer más fácil (si no es del tipo inseguro que le hace la vida de cuadritos para martirizar al otro) en el caso de un psicópata desalmado; puede no mostrar hostilidad a fin de tener tranquilo al otro mientras le sea útil, se sabe adaptar a la personalidad de su conviviente, sabe como modificar la voluntad del otro empleando diversas estrategias de manipulación social de forma muy sutil, lástima a los demás pero los compensa o les hace sentir responsables de haberlo provocado y luego es despiadado cuando ha terminado de “sacarle jugo” y sólo en ese momento es cuando la gente percibe que durante “todos ese tiempo” fue utilizado y engañado, sufre pensando que había reciprocidad y se da cuenta de que en realidad nunca existió.


La falta de empatía y su peligrosidad

Podríamos decir que según los términos médicos se considera menos peligroso a un autista que a un psicópata porque el primero no sabe mimetizarse naturalmente (tiene que aprender a imitar) como un ser “normal” en la sociedad. Al autista le suele costar, y generalmente rehúsa, actuar o fingir un comportamiento diferente a lo que siente o piensa, está más enfocado en lo que tiene en mente que a como lo perciben los demás o pensar en ellos. Es más transparente en su comportamiento. El psicópata puede pasar años parasitando de los demás sin que se den cuenta.

Se dice que los psicópatas tienen menor nivel de ansiedad que el resto de las personas, por eso no tienen miedo al transgredir los limites y por ello se ponen a realizar actitudes desafiantes para sentir ese nivel de adrenalina y eliminar su aburrimiento crónico.

En cambio los autistas a nivel interacción social sienten mucha ansiedad y a la vez se aburren de no tener nada útil (para ellos) en que pensar, por eso necesitan descargar realizando actividades individuales solitarias para liberar la tensión. Entre más ansiedad sientan más actividades necesitan hacer para tranquilizar su mente, para sentir que están haciendo algo práctico.


Referencias

Las Personalidades Psicopáticas. Kurt Schneider.

jueves, 24 de enero de 2013

¿Quién puede establecer un diagnóstico de Asperger?


Basándome en las definiciones académicas un diagnóstico de Asperger significaría analizar a través del conocimiento las dificultades en la interacción social, comunicación y forma de razonar y deducir a través de la información externa (el pensamiento) que son resultado genético (donde no interviene la voluntad) y que le causan problemas a una persona al convivir en sociedad; con el objetivo de tratar de encontrar una solución a los mismos.


Definiciones

Wikipedia:
El diagnóstico (del griego diagnostikós, a su vez del prefijo día-, "a través", y gnosis, "conocimiento" o "apto para conocer") alude, en general, al análisis que se realiza para determinar cualquier situación y cuáles son las tendencias. Esta determinación se realiza sobre la base de datos y hechos recogidos y ordenados sistemáticamente, que permiten juzgar mejor qué es lo que está pasando.

Razonamiento dirigido a la determinación de la naturaleza y origen de un fenómeno.
Razonamiento dirigido a la determinación de la naturaleza y causas de un fenómeno.
Proceso que se realiza en un objeto determinado, generalmente para solucionar un PROBLEMA. En el proceso de diagnóstico dicho problema experimenta cambios cuantitativo y cualitativos, los que tienden a la solución del problema. Consta de varias etapas, dialécticamente relacionadas, que son: - Evaluación – Procesamiento mental de la información - Intervención - Seguimiento.
Proceso a través del cual se profundiza en el objeto estudiado, para con acciones de intervención y en el marco de una etapa del proceso que se denomina Seguimiento, transformarlo.
En Medicina: Identificación de la enfermedad, afección o lesión que sufre un paciente, de su localización y su naturaleza, llegando a la identificación por los diversos síntomas y signos presentes en el enfermo, siguiendo un razonamiento analógico.

El Asperger se define como un conjunto de inhabilidades que en diversos grados afectan integrarse a la comunidad de una forma asertiva. Donde para considerarlo fuera de lo común predominan tres factores básicos: dificultades en la interacción con otras personas, dificultades en la comunicación, intereses restrictivos (se considera común el que una persona pueda ampliar su rango de intereses en función a sus interacciones sociales).


Diagnósticos

Los métodos diagnósticos más usuales se basan en la interpretación del conocimiento científico sobre Síndrome de Asperger y espectro autista ya sea por un profesional, o de quién se sienta identificado. Podemos decir que en ambos casos al ser interpretaciones de lo que se ha leído, según el criterio del que establece el diagnóstico, son subjetivos.

Un diagnóstico científico en vías de desarrollo (dado que aún no se comprende del todo la forma en que trabaja nuestro cerebro) es el neurobiológico que hasta ahora ha encontrado ciertos indicios que permiten explicar la esencia del mismo comparándolo con lo que se considera aceptable, como lo menciona en http://en.wikipedia.org/wiki/Asperger_syndrome

“Estudios neuroanatómicos  y las asociaciones con teratógenos sugieren fuertemente que el mecanismo incluye la alteración del desarrollo del cerebro después de la concepción.[ 49 ] Una migración anormal de las células embrionarias durante el desarrollo fetal puede afectar a la estructura final y la conectividad del cerebro, dando lugar a alteraciones en los circuitos neurales que controlan el pensamiento y la conducta. [ 53 ] Varias teorías de mecanismo están disponibles, aunque ninguna probabilidad proporcione una explicación completa [ 54 ]”.

Dos teorías se manejan como posibles hipótesis, una subconectividad en el funcionamiento de alto nivel y la sincronización de las conexiones neuronales, junto con un exceso de procesos de bajo nivel. Que se denomina la teoría de la coherencia central débil.

Y la otra es una alteración en el sistema de las neuronas espejo que interfieren con la imitación y conducen a la característica principal de Asperger de deterioro social. Ello implicaría que un autista pueda manejar mejor a través de una hipersistematización procesos introspectivos que no tengan relación con agentes externos.

Otras posibles explicaciones incluyen una disfunción en la serotonina y del cerebelo.

Es decir, al ser una característica biológica que está presente en el individuo toda su vida no puede manejar a voluntad sus reacciones salvo ir modificando su comportamiento paulatinamente a través de sistematizar lo que percibe del exterior.

En términos coloquiales significaría que los Aspergers son personas que tienen una tendencia a no imitar a los demás o a seguir los comportamientos sociales esperados, resultando esto en que son más independientes o “raros” al momento de resolver las dificultades a través de buscar variantes dentro de su rango de conocimiento y dificultándoseles tomar en cuenta las opiniones de los demás. Se considera una discapacidad social porque la gente para convivir a veces tiene que ser capaz de darle prioridad a los pensamientos de otros y considerar que deciden correctamente, tanto como para imitarlos sin tener que razonar.

Viene emparejado de diversas comorbilidades que son independientes del diagnóstico, por no ser una constante en todos los individuos de la misma forma. Entre ellas están las hiperestesias (hiper o hipo sensibilidad de los sentidos), trastornos de ansiedad y de sueño, alexitemia (dificultad para reconocer emociones), dificultades en la coordinación motora donde pueden existir problemas en la propiocepción (es decir comprender la relación del cuerpo con el entorno) y apraxia (falta de calibración correcta para mover el cuerpo en el entorno).

La principal diferencia en materia de diagnósticos estriba en su utilidad social. Para el caso del Asperger, tendríamos dos variantes:

Enfoque social - Diagnóstico patológico

El Síndrome de Asperger en medicina es considerado una anomalía y disfuncionalidad de la mente humana. Se considera a quien lo posee como un afectado cuyo impedimento le causa problemas en la comunidad y que solucionar los mismos resulta beneficioso tanto para ese individuo como para la sociedad y por ello considerar que hay una enfermedad o discapacidad que requiere asistencia externa o ayuda social para mejorar la calidad de vida.

Por tanto si se quiere un diagnóstico clínico sólo un psicólogo, psiquiatra o neurólogo podría establecer que una persona lo tiene. Ellos se basan en observación de características no deseables para la vida social y gregaria, todo lo que imposibilite a una persona a comportarse “neurotípicamente” y que tiene que ser curado o mimetizado a fin de restablecer la funcionalidad de su paciente. Siendo el objetivo de solución que la persona aprenda a imitar y a pensar qué harán los otros a fin de adecuar sus decisiones a ellos y evitarse conflictos.

Es esencial que el clínico posea un título que lo habilite para el ejercicio de la medicina y así sea válido el certificado que otorgue de que una persona posee “Síndrome de Asperger”. Este diagnóstico tiene validez para la comunidad porque es otro quien determina a través de las características que observa en una persona y es quien deduce que es factible que encuadre en lo que establecen los manuales psiquiátricos  que ha leído y su experiencia clínica, así se evita que el “ego” de la persona intervenga.

Enfoque individual - Conocimiento autodiagnóstico

La difusión a nivel masivo de que existe un autismo invisible y por la naturaleza autodidacta de varias personas se ha llegado al autodiagnóstico. Esto porque la persona está consciente de que no es igual a los demás pero no lo asume como una patología que deba ser tratada sino como parte de su personalidad, una parte que le crea una barrera en el ser social, en imitar comportamientos que le parecen incongruentes y que le genera problemas en esa área.

Se considera una forma especial de razonar y de decidir poco “neurotípica”, con ciertas características de personalidad que podrían a nivel social determinarse como “rarezas”, donde el individuo no ha necesitado ayuda ni contención médica; aún cuando percibe que se comporta de forma diferente a la mayoría de las personas que lo rodean y que tiene comorbilidades de las cuales no entiende la causa pero que no lo discapacitan.

Es un proceso introspectivo porque incluso si otros le indicasen que por su comportamiento puede ser “Aspie”, mientras el individuo no reconozca en si las características autistas no lo asumirá.

Esto se da confrontando su experiencia (base de datos interna) con el conocimiento al que va teniendo acceso (libros, test, material sobre Asperger, experiencias de vida de personas con el Síndrome), estableciendo un paralelismo por lo cual puede definirse “Aspie” y comenzar a crear nuevas estrategias de vida desde su comprensión del autismo, que le son útiles para disminuir sus estados de ansiedad o aceptar que tienen una causa lógica.

Es algo que le sirve sólo al individuo en si, en primera instancia para comprenderse, pero no implica que nadie más lo comprenda, ni acepte como tal. Es decir, la identificación no surge por fines sociales. Sin embargo es un efecto secundario usual cuando en esa investigación de “quién es” entra en foros o grupos y descubre por fin gente que considera similar. Como ya no está a la defensiva y puede comprender las otras mentes su parte social se da naturalmente, va venciendo sus barreras de comunicarse con otros conforme va tomando confianza y siente aceptación a su naturaleza y respeto a su “rareza”.

Utilización del diagnóstico o autodiagnóstico

El uso positivo del diagnóstico sería que esa persona pueda resolver a través del conocimiento, ya sea por la interpretación de otros (los profesionales) o por la propia, situaciones que se le dificulten en la vida; a fin de mejorar la calidad de ésta. Ese es el objetivo de comprender que una persona tiene ciertas características definidas como inconvenientes para la interacción social.

La parte negativa sería utilizar el conocimiento para crearse un escudo y tratar de justificar comportamientos problemáticos, con el fin de esperar aceptación social con los brazos cruzados. Es decir, utilizar el conocimiento sobre el Asperger para intentar lograr de otros piedad o conmiseración, que por su sola presencia como persona sin etiqueta no ha logrado. Un uso negativo es llegar a decir que sus comportamientos erráticos son justificables porque es un “enfermo”. En ese caso el diagnóstico, que alguien caótico diga o le hayan definido como que es aspie, traería problemas de imagen social para los otros que estén intentando asistencia y buena voluntad.

A nivel de interacción social aún con certificado firmado quedaría a criterio de quienes interactúen con la persona si quieren reconocerle o cuestionarle el diagnóstico. En función de lo que ellos mismos esperan obtener de convivir con la persona, o sus criterios de lo que es un “aspie”.


Subcultura Aspie

Esta cultura surge por personas que buscan defender la neurodiversidad, que no se les “normalize” pero que tampoco se olvide la sociedad que tienen problemas especiales diferentes al resto, retos y obstáculos poco comunes. Está integrada por personas diagnosticadas directamente o indirectamente (por analogía al establecerse el diagnóstico del Síndrome en sus hijos pero ellos estando integrados a la sociedad que nota sólo algunas excentricidades pero que son funcionales en términos sociales), los autodiagnósticados, las personas que dudan de su naturaleza mental y los profesionales de la salud.

El término Aspie que se usa familiarmente por las personas que se identifican con el Asperger fue utilizado para definirlo como algo no patológico por Liane Holliday Willey en su libro “Pretendiendo ser Normal” (http://en.wikipedia.org/wiki/Asperger_syndrome, cultural aspects). Considerando que en el Manual de Desórdenes Mentales a salir a luz en Mayo de 2013 desaparecerá el Síndrome de Asperger como criterio diagnóstico y se le unificara dentro de lo que se denominará Desórdenes del Espectro Autista quizá esta subcultura sea una forma de que el Asperger sea recordado.

Los “falsos aspies”

Dentro de las redes sociales, principalmente, este término surge con frecuencia en las conversaciones cuando las personas tienen una diferencia de opinión o juzgan la vida o acciones de los demás en relación a lo que consideran es un “aspie”. Digamos que es el punto máximo para indicar total desconfianza y advertir a los otros que tengan cuidado.

La idea de señalar es marcar un comportamiento que se considera inadecuado para alguien que tiene el Síndrome. Teniendo dos vertientes:

- Aquellos que sobresalgan por sus habilidades sociales o comunicativas son considerados neurotípicos que buscan destacar.

- Aquellos que por su violencia al debatir, su comportamiento inestable o que se crea dirigido a tomar un liderazgo (en base a que se den situaciones conflictivas donde intervengan) sean considerados psicópatas.

Como en las redes sociales la interacción suele ser a través del computador, no se conoce a la persona ni se puede verificar su identidad, cuando se da una diferencia de opinión y problema es la “primera sospecha”. Y no olvidemos que en muchas ocasiones la gente no coteja con la fuente directa sino que se deja guiar por la información que le llega, pudiendo ésta estar distorsionada.

Resulta lógico que quienes hayan recibido un diagnóstico profesional cuestionen a quienes se autodiagnostican y les acusen de ser “falsos aspies”. Dado que no existe ninguna evidencia clínica de que se padece el Síndrome podría dárseles razón.

Resulta ilógico cuando se da entre dos diagnosticados clínicamente (sería considerar que no existe seguridad ni validez en el criterio del médico firmante y que entonces los diagnósticos clínicos tampoco son confiables)o cuando nadie puede comprobar dentro de la interacción de manera fehaciente que todos los participantes que integran un grupo cumplen el criterio (recordando que hay dos uno que considera una patología y otro que considera una forma diferente de ser).

domingo, 13 de enero de 2013

El luto de un ermitaño

Los ermitaños somos personas que apreciamos la libertad de la soledad, de poder decidir y hacer sin interferencias, pero a la vez apreciamos la presencia lejana de las personas y, en ocasiones cuando estamos en el mismo camino y somos afines, su compañía.

Convivir con alguien es difícil, a veces hay momentos de tensión donde uno desearía que la otra persona desapareciera, en otros es divertido observar su existencia. Para ser compañeros necesitamos encontrar que tenemos con la otra persona alguna similitud, y que tenemos algo que admirarle. Que en algún momento podemos estar alejados y hacer nuestras vidas separados (eso es lo que defino como falta de apego, que no necesitamos la presencia constante de la gente cerca nuestro), haciendo cada uno lo suyo pero que al reencontrarnos sigue lo que tenemos en común.

Así podemos estar años en relaciones tensas tratando de coordinar nuestros pasos, donde no entendemos porque seguimos juntos sabiendo que nos sentimos más productivos solos, cuando estamos avocados en lo que tenemos en mente.

Con el paso del tiempo vamos comprendiendo que formamos un equipo, que intentamos aprovechar y delegar en el otro lo que consideramos hace mejor (o que no nos gusta hacer y el otro parece tener tiempo). Y se da un momento donde nos hemos sincronizado, donde cada uno acepta que la cooperación implica tolerar muchos comportamientos del otro que nos irritan y nos vuelven locos, pero que su compañía es beneficiosa porque nos aporta alguien con quien compartir algo de nuestra mente, alguien que nos ayude y sobre todo saber que no estamos solos, que le importamos y que es mutuo.

En mi infancia pensé que uno moría al cumplir su misión... y quizá para un ermitaño la suya sea entender al menos a otro ser humano en su totalidad, de poder verse reflejado en las actividades de vida y comprender como benefició o afectó a otros con su forma de ser, cuando es consciente de lo que significa la humanidad.

Quien queda, si sabe como aconteció la muerte y puede estar en el proceso de despedir al cuerpo, sigue el camino sabiendo que la vida es así. Que nadie le acompañará de por vida salvo su propio cuerpo. Asume como un hecho real y en primera instancia que de la muerte no se regresa y que ahora vuelve a estar sin compañía. Lo cual implica que, de golpe, tendrá que asumir las funciones que realizaba la otra persona y eso es doloroso. Tendrá que vislumbrar caminos más seguros y estar más atento para valerse nuevamente por si mismo sin ayuda.

Sabe que ante todo lo externo tiene que mantenerse fuerte, que la debilidad no es útil... salvo en el desahogo en soledad, cuando ya no hay actividades que realizar y vuelve la memoria de lo que ya no será, donde uno se pone a analizar la ausencia y las consecuencias de la misma con la finalidad de que la ansiedad y los procesos naturales de tristeza no le causen comorbilidades por no dejarlas fluir. Ahí uno puede desahogarse y entender lo que la presencia material de la otra persona significaba en su vida. Al principio es una ausencia, pero con el paso del tiempo es cuando se siente más y se empieza a extrañar.

Durante los primeros días el cuerpo reacciona naturalmente como el de todo ser humano ante la perdida; siente las reacciones físicas del duelo: el dolor en el pecho, la tristeza, el desgano... la  mente proyecta seguir en actividad, las cuales cambian un poco de las que se acostumbraban (porque uno procura intentar la misma rutina como una especie de ritual de que nada ha cambiado). La mente sabe que es el único método para seguir adelante, porque nadie que sea independiente puede permitirse sumirse en la tristeza y la quietud en espera de consuelo. La mente es lo que nos da fortaleza.

Cada cierto tiempo esa sensación física vuelve, y uno tiene que enfocar su mente en lo que si puede realizar, lo que si está a su alcance y lo que es práctico para su propia sobrevivencia. Recuerda la realidad y ese es su aliciente.

Cuando se topa con otras personas y le preguntan puede narrar la realidad de la experiencia sin sentir dolor, como narraría cualquier hecho de la vida. Pero la piedad y los lamentos de los otros son lo que le lleva a recordar la tristeza, dado que ya es difícil separar la mente de la sensación corporal. Por eso uno se aísla, se aleja de la gente porque cada encuentro será una nueva pregunta y que además entre más pasa el tiempo sólo se entiende que muchos extraños sólo preguntan por pura curiosidad o morbo.

Un ermitaño quiere seguir su camino simplemente para restablecerse, mantenerse activo como forma de superar cualquier dolor, sea físico o mental y necesita su soledad para hacer las cosas a su ritmo, teniendo en mente que alguien en el mundo sabe que sigue vivo.

Con el pasar de los meses se extraña la presencia del compañero que uno tuvo, se recuerda con nostalgia su ternura, el alma por decirlo así.