martes, 5 de febrero de 2013

La psicopatía autista, o la falta de buen trato hacia los demás


Actualmente psicópata y autista son dos términos antagónicos, polos opuestos, en la literatura médico-científica. Pero en la vida cotidiana es como si fuesen dos caras de una misma moneda y de hecho el autismo en un tiempo fue considerado una psicopatía por sus efectos sociales. 

Es difícil distinguir que diferencias existen dado que hay muchas similitudes y a la vez oposiciones, en cuanto a cómo y por qué las personas psicópatas o autistas tratan mal a la gente, porque son crueles o no tienen empatía.

Refiriéndonos a la empatía Simón Baron-Cohen distingue la empatía en dos partes: la capacidad de identificar y, por otra parte, de responder adecuadamente a los pensamientos y sentimientos del otro. En otras palabras la capacidad de leer la información que el otro nos provee que nos permite identificar sus probables pensamientos o sentimientos y, por otro lado, hacer una buena interpretación de la misma que nos permita responder adecuadamente a lo que observamos, beneficiando a los demás.

Si hablamos en términos neurobiológicos la empatía es un proceso mental, práctico para vivir en sociedad, permite la cooperación y la solución de problemas. Donde se toma como base de deducción la información que los otros nos proveen indirectamente, hace uso del conocimiento que cada uno posee a fin de llegar a algo que pueda favorecer a los demás. Aunque a la persona que realiza ese proceso (de pensar una solución) no le ayude necesariamente. Es indirecto porque permite ahorrar tiempo, y la persona que tiene una dificultad no tiene que estar plenamente consciente de la misma, sino confiar que los otros la van a detectar. Si la persona tiene que emplear su capacidad mental para encontrar la solución, no necesitaría de los demás y podría ser totalmente independiente (tal como sucede con los autistas y psicópatas que se dan cuenta de que son diferentes a los demás y que no logran colaboración innata de los otros). La mayor parte de la población depende de los demás y es inhábil para valerse, pensar y decidir por si mismo todo el tiempo.

Como el grueso de la población puede ser empático (consideran que los otros podrían ser ellos, utilizando el principio de te ayudo porque puedes ayudarme) son percibidos como extraños tanto autistas como psicópatas. Existe otro punto que establece una brecha entre la media y los “no empáticos”, su conformación neurobiológica que hace que procesen la información del exterior de forma diferente. Considerando el principio de empatía de Baron-Cohen podría decirse que:

Los autistas no captan la información de los otros de forma indirecta, sólo captan información puntual y directa que les transmiten los demás en base a lo que quieran comunicarles. No utilizan su nivel de conocimientos para ponerse en el lugar del otro, porque saben innatamente que la información de vida y experiencias son diferentes, por tanto no pueden inferir un comportamiento adecuado para algo que desconocen o dudan de que sea real, de hacerlo tienen que tomarse un rango de tiempo más amplio que la media de población para la misma actividad.

Los psicópatas si captan la información de forma indirecta, son sumamente ágiles en hacerlo pero no responden adecuadamente sino que lo que deducen de la información, tanto directa como indirecta, es para utilizarla ventajosamente para favorecerse a si mismos. Poseen también un pensamiento sumamente lógico que les indica que son diferentes a la media, se diferencian de los autistas en que necesitan de los demás e intuyen que los otros no van a cooperar innatamente con ellos, por tanto, infieren que tienen que forzarlos, por lo cual tienen la habilidad de pensar rápidamente en que es lo que los otros necesitan a fin de aprovecharlo a su favor. Es decir, en términos de razonar las probabilidades de pensamiento de los demás son mucho más ágiles que la media, aunque no toman en cuenta la información con respecto a los sentimientos porque no les sirve.


Percepción de los convivientes con respecto a la conducta no empática

En cuanto a la percepción externa de la conducta no empática por parte de quienes la sufren, las similitudes que existen es que en los polos del espectro de empatía las personas no comunican “quienes son” de forma normal. Incluso es distinto el lenguaje indirecto que pueda permitir a los demás deducir las intenciones. La diferencia no visible es que el autista le es difícil tomar en cuenta la información que recibe de los demás (se basa en su propio conocimiento) y puede ser por esa razón muy ingenuo, testarudo o imprudente y el psicópata si tiene esa facilidad de comprender a los otros y utilizar la información que le brindan, por tanto puede ser más astuto.

El espectro autista que va desde el autista profundo que no se comunica con los demás (al no interactuar no constituye un peligro), hasta el que si representa un gran molestia social por su comportamiento intransigente.

Quizá sería conveniente aclarar que el espectro psicópata es muy amplio. Va desde la gente que es influenciable fácilmente por su nivel de inseguridad en si mismo y se subordina a los deseos de los demás pasando por el manipulador y llegando hasta el psicópata desalmado. En otros términos desde el que se deja dominar por otros y se victimiza, hasta el que domina a los demás y los tiraniza.

Este último, el desalmado, es la imagen social que se tiene al hablar de psicopatía, aunque constituye un estereotipo basado en el menor número de psicópatas que representan real peligro para la sociedad.


Los psicópatas

En el libro titulado “Las Personalidades Psicopáticas” de Kurt Schneider entre varias de las definiciones menciona una muy interesante, que quizá haya influenciado al Dr. Hans Asperger para la denominación “psicopatía autista”, la de Verbeek: la alteración fundamental de las psicopatías es un fallo del ser-en-el-mundo (del co-ser), una defectuosa disposición hereditaria para la comunicación interhumana.

Schneider entiende personalidad como el conjunto de sentimientos y valoraciones, de sus tendencias y voliciones sin incluir en ella la inteligencia. Define la psicopatía como: Los psicópatas son personalidades anormales que a consecuencia de la anomalía de su personalidad tienen que llegar más o menos, en toda situación vital, bajo toda clase de circunstancias, a conflictos internos o externos. El psicópata es un individuo que por si sólo, aunque no se tengan en cuenta las circunstancias sociales, es una personalidad extraña, apartada del término medio. Lo perturbador, lo socialmente negativo, es, frente a la personalidad anormal algo secundario.

Siguiendo con lo plasmado en el libro se califica a alguien como psicópata cuando sus defectos se limitan esencialmente a la vida afectiva y a la voluntad. Pero a la vez Gruhle basándose en lo anormal indica que incluso un genio es un psicópata ya que sobresale del término medio pero a los médicos sólo le llegan las “personalidades con conflictos”; es decir, aquellos psicópatas que sufren o que resultan lesivos para la sociedad. Y se aclara en el libro que no es fácil encontrar psicópatas “puros”, sino que se mezclan dentro de las categorías que Schneider definió como personalidades psicopáticas y que son la base de la catalogación actual criminalística.

Schneider indica: Cuando se califica como patológico al perturbador social o al inepto, se emite un juicio de valor, a partir de cualquier punto de vista preconcebido, ideológico o sociológico; es decir, se utiliza el concepto de enfermo de un modo completamente figurado y sin significación objetiva. Se llama entonces patológico a lo que se halla en pugna con la propia opinión o convencimiento o con la ideología reinante.


La valoración o juicios sociales de la falta de empatía

Parecería que éste concepto de hacer juicios de valor social con respecto a las personas es la base de la naturaleza ideológica actual, incluso de la diagnóstica, donde se espera que en función de lo que se considera es la empatía, las personas sean capaces de trabajar en equipo y convivir siguiendo la media.

Se calificará de anómalo leve a aquella persona, por ejemplo un adulto, a quien no se le nota ningún comportamiento sumamente extraño en su trabajo o en interacciones breves, pero donde se percibe ineficiencia social en cuestiones de convivencia a largo plazo, negociaciones personales y resolución de problemas grupales que implique modificar la voluntad del otro. Es decir, para un observador la persona podría ser normal en el ambiente laboral o en interacciones breves porque ha aprendido a imitar comportamientos que se consideran correctos, pero en el resto del tiempo, dado que ese esfuerzo mental le produce agobio y deja de ser práctico, muestra su falta de empatía.

La conducta anómala en términos de valores sociales es que el autista daña a los demás con su intolerancia, brusquedad, su sinceridad despiadada inmisericorde, su forma de hacer sentir a la gente que le estorban y que es mejor que estén lejos, pero a la vez exigirles que tienen que hacer las cosas bien y dar lo mejor de si, su hermetismo, su arrogancia de que no cooperará con otro cuando lo necesite sino cuando crea conveniente o “quiera”, su soberbia de manifestar vehementemente que no le importa el criterio de los demás porque considera que tiene argumentos y conocimientos válidos que le dan la razón. Daña porque no “sabe” doblegarse,  porque no quiere ceder.

El psicópata daña porque aún siendo evidente que utiliza a las personas las manipula de tal forma que sientan que son participes ineludibles de lo que les sucede, no por las acciones del psicópata sino por las suyas. Es decir, porque les transfiere a los demás toda la responsabilidad y las causas de sus actos. Dependiendo del tipo de psicópata puede establecer un principio de “dependencia” (ese si te vas me muero) o un principio de “honor” y de promesa (que no tiene la menor intención de cumplir) de reciprocidad a futuro dependiendo siempre de que tanto coopere la gente con él. Es una actitud condicionante y no permite que los demás se aparten de él o de sus ideas porque no quiere que sean conscientes de la realidad y no le conviene. Busca controlar las voluntades ajenas.


La convivencia

Para la gente conviviente que sufre de los efectos de estar cerca de una persona dentro de los polos del espectro humano no empático la sensación de impotencia ha de ser similar. Ese percibir que falta reciprocidad afectiva.

La diferencia es que con el autista se nota continuamente que existe un distanciamiento y aparte trata mal a la menor provocación, tiene poca “paciencia” con la gente causando el inmediato rechazo (que en una actitud natural provocaría el alejamiento entre ambos, pero que si se da en un ámbito de responsabilidad donde ninguno puede separarse por ser complicado se toma como una actitud dictatorial), así es probable que alguien sufra más al lado de un autista que conviviendo con un psicópata. Pero ¿qué tiene el autista que a pesar de su forma de trato tan bruta y cavernícola alguien quiera estar a su lado? ¿Esa gente es masoquista?

Una de las cuestiones hirientes que tiene, un Asperger sobre todo, es “poner a la gente en su lugar” a nivel intelectual; suele menospreciar su capacidad con frases poco corteses llevando a que la persona cercana se sienta insultada o menospreciada. Pero a la vez se percibe que el autista tiene cierta capacidad, habilidad o cualidades morales que son difíciles de encontrar en la gente común y que intenta reparar sus errores, hacerse responsable (porque ser bruto no es algo inherente sino conductual). Una vez que entra en razón y sabe que hace daño puede aprender a ser diplomático o a alejarse antes de agredir a otros, es decir, a tomar la iniciativa para evitar herir en vez de esperar que los otros se hagan cargo de su conducta.

En cambio convivir con un psicópata puede parecer más fácil (si no es del tipo inseguro que le hace la vida de cuadritos para martirizar al otro) en el caso de un psicópata desalmado; puede no mostrar hostilidad a fin de tener tranquilo al otro mientras le sea útil, se sabe adaptar a la personalidad de su conviviente, sabe como modificar la voluntad del otro empleando diversas estrategias de manipulación social de forma muy sutil, lástima a los demás pero los compensa o les hace sentir responsables de haberlo provocado y luego es despiadado cuando ha terminado de “sacarle jugo” y sólo en ese momento es cuando la gente percibe que durante “todos ese tiempo” fue utilizado y engañado, sufre pensando que había reciprocidad y se da cuenta de que en realidad nunca existió.


La falta de empatía y su peligrosidad

Podríamos decir que según los términos médicos se considera menos peligroso a un autista que a un psicópata porque el primero no sabe mimetizarse naturalmente (tiene que aprender a imitar) como un ser “normal” en la sociedad. Al autista le suele costar, y generalmente rehúsa, actuar o fingir un comportamiento diferente a lo que siente o piensa, está más enfocado en lo que tiene en mente que a como lo perciben los demás o pensar en ellos. Es más transparente en su comportamiento. El psicópata puede pasar años parasitando de los demás sin que se den cuenta.

Se dice que los psicópatas tienen menor nivel de ansiedad que el resto de las personas, por eso no tienen miedo al transgredir los limites y por ello se ponen a realizar actitudes desafiantes para sentir ese nivel de adrenalina y eliminar su aburrimiento crónico.

En cambio los autistas a nivel interacción social sienten mucha ansiedad y a la vez se aburren de no tener nada útil (para ellos) en que pensar, por eso necesitan descargar realizando actividades individuales solitarias para liberar la tensión. Entre más ansiedad sientan más actividades necesitan hacer para tranquilizar su mente, para sentir que están haciendo algo práctico.


Referencias

Las Personalidades Psicopáticas. Kurt Schneider.

jueves, 24 de enero de 2013

¿Quién puede establecer un diagnóstico de Asperger?


Basándome en las definiciones académicas un diagnóstico de Asperger significaría analizar a través del conocimiento las dificultades en la interacción social, comunicación y forma de razonar y deducir a través de la información externa (el pensamiento) que son resultado genético (donde no interviene la voluntad) y que le causan problemas a una persona al convivir en sociedad; con el objetivo de tratar de encontrar una solución a los mismos.


Definiciones

Wikipedia:
El diagnóstico (del griego diagnostikós, a su vez del prefijo día-, "a través", y gnosis, "conocimiento" o "apto para conocer") alude, en general, al análisis que se realiza para determinar cualquier situación y cuáles son las tendencias. Esta determinación se realiza sobre la base de datos y hechos recogidos y ordenados sistemáticamente, que permiten juzgar mejor qué es lo que está pasando.

Razonamiento dirigido a la determinación de la naturaleza y origen de un fenómeno.
Razonamiento dirigido a la determinación de la naturaleza y causas de un fenómeno.
Proceso que se realiza en un objeto determinado, generalmente para solucionar un PROBLEMA. En el proceso de diagnóstico dicho problema experimenta cambios cuantitativo y cualitativos, los que tienden a la solución del problema. Consta de varias etapas, dialécticamente relacionadas, que son: - Evaluación – Procesamiento mental de la información - Intervención - Seguimiento.
Proceso a través del cual se profundiza en el objeto estudiado, para con acciones de intervención y en el marco de una etapa del proceso que se denomina Seguimiento, transformarlo.
En Medicina: Identificación de la enfermedad, afección o lesión que sufre un paciente, de su localización y su naturaleza, llegando a la identificación por los diversos síntomas y signos presentes en el enfermo, siguiendo un razonamiento analógico.

El Asperger se define como un conjunto de inhabilidades que en diversos grados afectan integrarse a la comunidad de una forma asertiva. Donde para considerarlo fuera de lo común predominan tres factores básicos: dificultades en la interacción con otras personas, dificultades en la comunicación, intereses restrictivos (se considera común el que una persona pueda ampliar su rango de intereses en función a sus interacciones sociales).


Diagnósticos

Los métodos diagnósticos más usuales se basan en la interpretación del conocimiento científico sobre Síndrome de Asperger y espectro autista ya sea por un profesional, o de quién se sienta identificado. Podemos decir que en ambos casos al ser interpretaciones de lo que se ha leído, según el criterio del que establece el diagnóstico, son subjetivos.

Un diagnóstico científico en vías de desarrollo (dado que aún no se comprende del todo la forma en que trabaja nuestro cerebro) es el neurobiológico que hasta ahora ha encontrado ciertos indicios que permiten explicar la esencia del mismo comparándolo con lo que se considera aceptable, como lo menciona en http://en.wikipedia.org/wiki/Asperger_syndrome

“Estudios neuroanatómicos  y las asociaciones con teratógenos sugieren fuertemente que el mecanismo incluye la alteración del desarrollo del cerebro después de la concepción.[ 49 ] Una migración anormal de las células embrionarias durante el desarrollo fetal puede afectar a la estructura final y la conectividad del cerebro, dando lugar a alteraciones en los circuitos neurales que controlan el pensamiento y la conducta. [ 53 ] Varias teorías de mecanismo están disponibles, aunque ninguna probabilidad proporcione una explicación completa [ 54 ]”.

Dos teorías se manejan como posibles hipótesis, una subconectividad en el funcionamiento de alto nivel y la sincronización de las conexiones neuronales, junto con un exceso de procesos de bajo nivel. Que se denomina la teoría de la coherencia central débil.

Y la otra es una alteración en el sistema de las neuronas espejo que interfieren con la imitación y conducen a la característica principal de Asperger de deterioro social. Ello implicaría que un autista pueda manejar mejor a través de una hipersistematización procesos introspectivos que no tengan relación con agentes externos.

Otras posibles explicaciones incluyen una disfunción en la serotonina y del cerebelo.

Es decir, al ser una característica biológica que está presente en el individuo toda su vida no puede manejar a voluntad sus reacciones salvo ir modificando su comportamiento paulatinamente a través de sistematizar lo que percibe del exterior.

En términos coloquiales significaría que los Aspergers son personas que tienen una tendencia a no imitar a los demás o a seguir los comportamientos sociales esperados, resultando esto en que son más independientes o “raros” al momento de resolver las dificultades a través de buscar variantes dentro de su rango de conocimiento y dificultándoseles tomar en cuenta las opiniones de los demás. Se considera una discapacidad social porque la gente para convivir a veces tiene que ser capaz de darle prioridad a los pensamientos de otros y considerar que deciden correctamente, tanto como para imitarlos sin tener que razonar.

Viene emparejado de diversas comorbilidades que son independientes del diagnóstico, por no ser una constante en todos los individuos de la misma forma. Entre ellas están las hiperestesias (hiper o hipo sensibilidad de los sentidos), trastornos de ansiedad y de sueño, alexitemia (dificultad para reconocer emociones), dificultades en la coordinación motora donde pueden existir problemas en la propiocepción (es decir comprender la relación del cuerpo con el entorno) y apraxia (falta de calibración correcta para mover el cuerpo en el entorno).

La principal diferencia en materia de diagnósticos estriba en su utilidad social. Para el caso del Asperger, tendríamos dos variantes:

Enfoque social - Diagnóstico patológico

El Síndrome de Asperger en medicina es considerado una anomalía y disfuncionalidad de la mente humana. Se considera a quien lo posee como un afectado cuyo impedimento le causa problemas en la comunidad y que solucionar los mismos resulta beneficioso tanto para ese individuo como para la sociedad y por ello considerar que hay una enfermedad o discapacidad que requiere asistencia externa o ayuda social para mejorar la calidad de vida.

Por tanto si se quiere un diagnóstico clínico sólo un psicólogo, psiquiatra o neurólogo podría establecer que una persona lo tiene. Ellos se basan en observación de características no deseables para la vida social y gregaria, todo lo que imposibilite a una persona a comportarse “neurotípicamente” y que tiene que ser curado o mimetizado a fin de restablecer la funcionalidad de su paciente. Siendo el objetivo de solución que la persona aprenda a imitar y a pensar qué harán los otros a fin de adecuar sus decisiones a ellos y evitarse conflictos.

Es esencial que el clínico posea un título que lo habilite para el ejercicio de la medicina y así sea válido el certificado que otorgue de que una persona posee “Síndrome de Asperger”. Este diagnóstico tiene validez para la comunidad porque es otro quien determina a través de las características que observa en una persona y es quien deduce que es factible que encuadre en lo que establecen los manuales psiquiátricos  que ha leído y su experiencia clínica, así se evita que el “ego” de la persona intervenga.

Enfoque individual - Conocimiento autodiagnóstico

La difusión a nivel masivo de que existe un autismo invisible y por la naturaleza autodidacta de varias personas se ha llegado al autodiagnóstico. Esto porque la persona está consciente de que no es igual a los demás pero no lo asume como una patología que deba ser tratada sino como parte de su personalidad, una parte que le crea una barrera en el ser social, en imitar comportamientos que le parecen incongruentes y que le genera problemas en esa área.

Se considera una forma especial de razonar y de decidir poco “neurotípica”, con ciertas características de personalidad que podrían a nivel social determinarse como “rarezas”, donde el individuo no ha necesitado ayuda ni contención médica; aún cuando percibe que se comporta de forma diferente a la mayoría de las personas que lo rodean y que tiene comorbilidades de las cuales no entiende la causa pero que no lo discapacitan.

Es un proceso introspectivo porque incluso si otros le indicasen que por su comportamiento puede ser “Aspie”, mientras el individuo no reconozca en si las características autistas no lo asumirá.

Esto se da confrontando su experiencia (base de datos interna) con el conocimiento al que va teniendo acceso (libros, test, material sobre Asperger, experiencias de vida de personas con el Síndrome), estableciendo un paralelismo por lo cual puede definirse “Aspie” y comenzar a crear nuevas estrategias de vida desde su comprensión del autismo, que le son útiles para disminuir sus estados de ansiedad o aceptar que tienen una causa lógica.

Es algo que le sirve sólo al individuo en si, en primera instancia para comprenderse, pero no implica que nadie más lo comprenda, ni acepte como tal. Es decir, la identificación no surge por fines sociales. Sin embargo es un efecto secundario usual cuando en esa investigación de “quién es” entra en foros o grupos y descubre por fin gente que considera similar. Como ya no está a la defensiva y puede comprender las otras mentes su parte social se da naturalmente, va venciendo sus barreras de comunicarse con otros conforme va tomando confianza y siente aceptación a su naturaleza y respeto a su “rareza”.

Utilización del diagnóstico o autodiagnóstico

El uso positivo del diagnóstico sería que esa persona pueda resolver a través del conocimiento, ya sea por la interpretación de otros (los profesionales) o por la propia, situaciones que se le dificulten en la vida; a fin de mejorar la calidad de ésta. Ese es el objetivo de comprender que una persona tiene ciertas características definidas como inconvenientes para la interacción social.

La parte negativa sería utilizar el conocimiento para crearse un escudo y tratar de justificar comportamientos problemáticos, con el fin de esperar aceptación social con los brazos cruzados. Es decir, utilizar el conocimiento sobre el Asperger para intentar lograr de otros piedad o conmiseración, que por su sola presencia como persona sin etiqueta no ha logrado. Un uso negativo es llegar a decir que sus comportamientos erráticos son justificables porque es un “enfermo”. En ese caso el diagnóstico, que alguien caótico diga o le hayan definido como que es aspie, traería problemas de imagen social para los otros que estén intentando asistencia y buena voluntad.

A nivel de interacción social aún con certificado firmado quedaría a criterio de quienes interactúen con la persona si quieren reconocerle o cuestionarle el diagnóstico. En función de lo que ellos mismos esperan obtener de convivir con la persona, o sus criterios de lo que es un “aspie”.


Subcultura Aspie

Esta cultura surge por personas que buscan defender la neurodiversidad, que no se les “normalize” pero que tampoco se olvide la sociedad que tienen problemas especiales diferentes al resto, retos y obstáculos poco comunes. Está integrada por personas diagnosticadas directamente o indirectamente (por analogía al establecerse el diagnóstico del Síndrome en sus hijos pero ellos estando integrados a la sociedad que nota sólo algunas excentricidades pero que son funcionales en términos sociales), los autodiagnósticados, las personas que dudan de su naturaleza mental y los profesionales de la salud.

El término Aspie que se usa familiarmente por las personas que se identifican con el Asperger fue utilizado para definirlo como algo no patológico por Liane Holliday Willey en su libro “Pretendiendo ser Normal” (http://en.wikipedia.org/wiki/Asperger_syndrome, cultural aspects). Considerando que en el Manual de Desórdenes Mentales a salir a luz en Mayo de 2013 desaparecerá el Síndrome de Asperger como criterio diagnóstico y se le unificara dentro de lo que se denominará Desórdenes del Espectro Autista quizá esta subcultura sea una forma de que el Asperger sea recordado.

Los “falsos aspies”

Dentro de las redes sociales, principalmente, este término surge con frecuencia en las conversaciones cuando las personas tienen una diferencia de opinión o juzgan la vida o acciones de los demás en relación a lo que consideran es un “aspie”. Digamos que es el punto máximo para indicar total desconfianza y advertir a los otros que tengan cuidado.

La idea de señalar es marcar un comportamiento que se considera inadecuado para alguien que tiene el Síndrome. Teniendo dos vertientes:

- Aquellos que sobresalgan por sus habilidades sociales o comunicativas son considerados neurotípicos que buscan destacar.

- Aquellos que por su violencia al debatir, su comportamiento inestable o que se crea dirigido a tomar un liderazgo (en base a que se den situaciones conflictivas donde intervengan) sean considerados psicópatas.

Como en las redes sociales la interacción suele ser a través del computador, no se conoce a la persona ni se puede verificar su identidad, cuando se da una diferencia de opinión y problema es la “primera sospecha”. Y no olvidemos que en muchas ocasiones la gente no coteja con la fuente directa sino que se deja guiar por la información que le llega, pudiendo ésta estar distorsionada.

Resulta lógico que quienes hayan recibido un diagnóstico profesional cuestionen a quienes se autodiagnostican y les acusen de ser “falsos aspies”. Dado que no existe ninguna evidencia clínica de que se padece el Síndrome podría dárseles razón.

Resulta ilógico cuando se da entre dos diagnosticados clínicamente (sería considerar que no existe seguridad ni validez en el criterio del médico firmante y que entonces los diagnósticos clínicos tampoco son confiables)o cuando nadie puede comprobar dentro de la interacción de manera fehaciente que todos los participantes que integran un grupo cumplen el criterio (recordando que hay dos uno que considera una patología y otro que considera una forma diferente de ser).

domingo, 13 de enero de 2013

El luto de un ermitaño

Los ermitaños somos personas que apreciamos la libertad de la soledad, de poder decidir y hacer sin interferencias, pero a la vez apreciamos la presencia lejana de las personas y, en ocasiones cuando estamos en el mismo camino y somos afines, su compañía.

Convivir con alguien es difícil, a veces hay momentos de tensión donde uno desearía que la otra persona desapareciera, en otros es divertido observar su existencia. Para ser compañeros necesitamos encontrar que tenemos con la otra persona alguna similitud, y que tenemos algo que admirarle. Que en algún momento podemos estar alejados y hacer nuestras vidas separados (eso es lo que defino como falta de apego, que no necesitamos la presencia constante de la gente cerca nuestro), haciendo cada uno lo suyo pero que al reencontrarnos sigue lo que tenemos en común.

Así podemos estar años en relaciones tensas tratando de coordinar nuestros pasos, donde no entendemos porque seguimos juntos sabiendo que nos sentimos más productivos solos, cuando estamos avocados en lo que tenemos en mente.

Con el paso del tiempo vamos comprendiendo que formamos un equipo, que intentamos aprovechar y delegar en el otro lo que consideramos hace mejor (o que no nos gusta hacer y el otro parece tener tiempo). Y se da un momento donde nos hemos sincronizado, donde cada uno acepta que la cooperación implica tolerar muchos comportamientos del otro que nos irritan y nos vuelven locos, pero que su compañía es beneficiosa porque nos aporta alguien con quien compartir algo de nuestra mente, alguien que nos ayude y sobre todo saber que no estamos solos, que le importamos y que es mutuo.

En mi infancia pensé que uno moría al cumplir su misión... y quizá para un ermitaño la suya sea entender al menos a otro ser humano en su totalidad, de poder verse reflejado en las actividades de vida y comprender como benefició o afectó a otros con su forma de ser, cuando es consciente de lo que significa la humanidad.

Quien queda, si sabe como aconteció la muerte y puede estar en el proceso de despedir al cuerpo, sigue el camino sabiendo que la vida es así. Que nadie le acompañará de por vida salvo su propio cuerpo. Asume como un hecho real y en primera instancia que de la muerte no se regresa y que ahora vuelve a estar sin compañía. Lo cual implica que, de golpe, tendrá que asumir las funciones que realizaba la otra persona y eso es doloroso. Tendrá que vislumbrar caminos más seguros y estar más atento para valerse nuevamente por si mismo sin ayuda.

Sabe que ante todo lo externo tiene que mantenerse fuerte, que la debilidad no es útil... salvo en el desahogo en soledad, cuando ya no hay actividades que realizar y vuelve la memoria de lo que ya no será, donde uno se pone a analizar la ausencia y las consecuencias de la misma con la finalidad de que la ansiedad y los procesos naturales de tristeza no le causen comorbilidades por no dejarlas fluir. Ahí uno puede desahogarse y entender lo que la presencia material de la otra persona significaba en su vida. Al principio es una ausencia, pero con el paso del tiempo es cuando se siente más y se empieza a extrañar.

Durante los primeros días el cuerpo reacciona naturalmente como el de todo ser humano ante la perdida; siente las reacciones físicas del duelo: el dolor en el pecho, la tristeza, el desgano... la  mente proyecta seguir en actividad, las cuales cambian un poco de las que se acostumbraban (porque uno procura intentar la misma rutina como una especie de ritual de que nada ha cambiado). La mente sabe que es el único método para seguir adelante, porque nadie que sea independiente puede permitirse sumirse en la tristeza y la quietud en espera de consuelo. La mente es lo que nos da fortaleza.

Cada cierto tiempo esa sensación física vuelve, y uno tiene que enfocar su mente en lo que si puede realizar, lo que si está a su alcance y lo que es práctico para su propia sobrevivencia. Recuerda la realidad y ese es su aliciente.

Cuando se topa con otras personas y le preguntan puede narrar la realidad de la experiencia sin sentir dolor, como narraría cualquier hecho de la vida. Pero la piedad y los lamentos de los otros son lo que le lleva a recordar la tristeza, dado que ya es difícil separar la mente de la sensación corporal. Por eso uno se aísla, se aleja de la gente porque cada encuentro será una nueva pregunta y que además entre más pasa el tiempo sólo se entiende que muchos extraños sólo preguntan por pura curiosidad o morbo.

Un ermitaño quiere seguir su camino simplemente para restablecerse, mantenerse activo como forma de superar cualquier dolor, sea físico o mental y necesita su soledad para hacer las cosas a su ritmo, teniendo en mente que alguien en el mundo sabe que sigue vivo.

Con el pasar de los meses se extraña la presencia del compañero que uno tuvo, se recuerda con nostalgia su ternura, el alma por decirlo así.

martes, 20 de noviembre de 2012

Cohesión social - autismo - egoísmo racional


Una de las premisas para la cohesión o inclusión social es que los individuos no sean egoístas, que sean capaces de entender a los otros, de tomarlos en cuenta y de modificar su carácter en función de una relación armónica, eso que se entiende como el bien común que debe aspirar todo individuo que viva en sociedad. 

Sin embargo, si les dijese que un autista puede tener una relación armónica, aunque sea esporádica, en función de ser un egoísta racional quizá les cause perplejidad, porque la idea estereotipada del “egoísmo autista” es muy parecida a la opinión del autor Martín Soria en su libro “El origen del egoísmo” del cual me tome la libertad de sintetizar y transcribir algunos fragmentos:

Una correcta relación interpersonal, define Martín Soria, es aquella donde no se pierda la naturaleza incondicional y no se prefiera la irresponsabilidad egoísta en sus conductas.  Soria analiza como la humanidad ha evolucionado a partir de interesarse en el otro, conocer sus necesidades y generar retribuciones a las mismas. Se pregunta por qué el beneficio común, estando todas las condiciones generadas, no ha sido posible y lo atribuye al aislamiento, ello a la carencia de afecto y eso, según su visión “al autismo y la retracción absoluta”. Cita que las personas ya no se vinculan por lo que son sino por lo que hacen, perdiendo los vínculos y cayendo en el aislamiento. Da cuenta de que lo social va estrechamente ligado a lo laboral, a la actividad y lo que entiendo, desde mi perspectiva, como rango social de pertenencia.

Menciona Soria que la tendencia egoísta sólo puede contrarrestarse con altruismo “el dar para que te den, pero sin espera de respuesta”, de forma incondicional y si llega a ser mutua, entonces, la felicidad se obtiene por la conciliación de dos voluntades en el simplemente dar y que el otro se sienta satisfecho por recibir.

Considera que si se encuentra la causa del egoísmo, entonces podría alcanzarse el bienestar social, la solidaridad permanente y duradera donde todos cuidarían de las necesidades de todos (supongo así una persona no tendría que preocuparse por sus necesidades). Y nos habla de como se va desarrollando el individuo, desde la primera infancia donde crecimiento corporal va conjuntado con acciones imitativas de los mayores para así formar sus “actitudes o conductas reflejas”. Luego la segunda infancia con preguntas acerca del mundo donde se va desarrollando su intelecto (cabe hacer notar que en los autistas está fase se da desde la primera infancia) y para Soria el desarrollo del intelecto va de acuerdo con el reconocimiento de las necesidades y de las retribuciones que corresponden al correcto desarrollo emocional. “El conocimiento verídico desarrolla la razón y la capacidad de análisis y síntesis que emiten juicios de valor” (mire ud. Soria que ese es otro de los aspectos que conforman la esencia autista, ver la realidad y analizarla, no disfrazarla). Al comprender sus emociones un individuo puede dirigir su comportamiento, restringirlo para lograr una meta, ubicándose en el correcto papel correspondiente a la situación de ser quien da (decide, emprende), o quien recibe (acata, obedece) en una relación interpersonal vertical, en otras palabras superior- subordinado donde el de arriba tiene que satisfacer las necesidades del de abajo y éste actuar en consecuencia y crearse relaciones incondicionales (me pregunto ¿cómo puede ser una relación incondicional? si está subordinada a las condiciones de otro; a la capacidad de dar, o la necesidad a cubrir).

La responsabilidad sobre la satisfacción de las necesidades de quien recibe es únicamente de quien otorga, porque éste debe “seducir” al receptor mediante el afecto, la convicción y la motivación. El que vive pensando en los otros, dando para recibir, teme la igualdad porque ahí no existe incondicionalidad en base a necesidades solucionadas (léase favores recibidos).

Curiosamente Soria considera que una persona que “no pueda identificar la naturaleza de los estímulos que activan sus impulsos emocionales; que no desarrolla la capacidad de la Naturaleza de la Normalización Global, y que no tiene sentido del presente histórico y de sus necesidades sociales, difícilmente puede apreciar en su debida profundidad, la realidad absoluta que le rodea”.

Y más adelante establece que percibir lo que nos rodea es establecer criterios en base a nuestros valores: “Nuestro criterio es el que evalúa la existencia, los procesos y las finalidades de las cosas”. (Eso lo hace un autista, aún sin identificar sus impulsos emocionales, sin pensar en los otros como punto de partida para decidir... más adelante explicaré el cómo).

Lo que considera logros, ese resolver necesidades y que ejemplifica como la cuestión de la masificación de la producción y toda la parafernalia para llegar a un consumidor, deja entrever que considera necesidades las materiales, las del cuerpo y no considera una necesidad el intentar resolverlas por su cuenta y que eso genere autoestima y valor. Aunque Soria se da cuenta  en su análisis de que con todo se ha perdido el valor del reconocerse a uno mismo (el “ego”; el “uno mismo” que es la esencia del autismo).

Analicemos ¿qué es el altruismo?: es la resolución de problemas económicos, de necesidades de vida de otros, que resuelve una persona que ya tiene solventadas esas necesidades y puede dar para recibir “estima” y consideración por su labor social.

El autista es una persona autorreferencial, de las que criticaría Soria por no adaptarse al bien común, por no imitar comportamientos ni ser consciente de limitar sus “impulsos” visibles (sus estallidos disruptivos) en favor de la tranquilidad y de seguir siendo invisible, que no de problemas a los otros ni de muestras de su intolerancia; al decirle a los demás lo que considera son errores. Por su falta de tacto y de contención, de adecuar su pensamiento a satisfacer las necesidades de los demás, no de conocimiento, sino de estima, afecto y verticalidad.

Desde niños los autistas son diferentes, se les tilda de egoístas, de estar sólo en su mundo, donde parecería que ni siquiera captan los reforzadores sociales de que esa conducta no es permitida, que es dañina a la verticalidad que se espera... a la adecuación social.

Pero ¿qué es lo que no captan?, ¿por qué son egoístas mientras los otros niños no?, ¿por qué no se les puede hacer que entren al aro, para que no resulten tan inoportunos y extraños, tan “lacras sociales” de adultos?

Podemos explicarlo en términos de como se produce la estandarización a la Normalización Global, donde se adapta la gran mayoría de los individuos y donde los autistas son unos de los pocos, que por ser fieles a lo que dicta la naturaleza para poder sobrevivir, no siguen “innatamente”. Cito un fragmento de un artículo de la Revista “El Poder de la Mente”, Ed. Nueva Lente S.A. Fasc. 9 de Junio de 1985.

“A un niño le enseñan que el egoísmo es un vicio muy feo. Aprecia en los adultos la condena que les merece la palabra. Comprende pronto que el término egoísta se utiliza de un modo insultante. El niño necesita la aprobación de los adultos. La necesita, en primer término, porque necesita aprobarse a sí mismo y la aprobación ajena constituye un punto de referencia imprescindible por el que se guía para saber si sus primeros conceptos, si sus primeros juicios, son o no correctos. El niño reconoce en sí mismo la tendencia natural a buscar su propio interés. En cuanto comprende que esa tendencia se considera condenable, no le queda otra alternativa, fuera de la rebelión abierta que en pocos casos se produce, que empezar a reprimir sus deseos, a desvalorizar su propia capacidad de juicio, a violentar su propia naturaleza luchando por erradicar ese ‘vicio’ del que no puede librarse. Ese vicio le humilla ante sí mismo, pero se entera entonces de que en el mundo de los adultos la humildad es una virtud que también debe luchar por adquirir. El descubrimiento de sus defectos, de sus vicios, de sus imperfecciones le ayuda en la tarea de ser humilde. Mientras más lacras reconozca en sí mismo, más cerca estará de alcanzar esa virtud tan alabada. Si quiere ganar esa aprobación que desea de sus padres, de sus maestros, la primera lucha abierta que se le impone a un niño es la guerra contra su propio yo, contra la valoración de sí mismo, contra su autoestima. Su yo empieza a recibir ataques, abiertos o solapados, de todos los componentes de su mundo, de todos los seres que le importan. En el colegio se alaba la uniformidad, se alaba la conducta del niño que es capaz de sumergirse entre los demás sin causar problemas. El niño más ‘bueno’ es el que no hace preguntas difíciles, el que hace todo lo que le ordenan sin chistar. La mayoría de los niños hacen esfuerzos para pasar por el aro ya que de lo contrario acarrea insultos y castigos. La mayoría va aceptando lentamente el concepto de que su individualidad, su propio yo, es un potro salvaje que debe domar si no quiere ser víctima de la repulsa general. Aprende así a valorar las cosas de acuerdo con los intereses ajenos, ya que los suyos propios no son respetables. Aprende así a desvalorizarse a sí mismo, a perder gradualmente la estima que él mismo se merece, a considerarse cada vez menos estimable, menos deseable, menos digno.

Con esa imagen deformada, se lanza el joven al mundo retorcido donde entrará en competencia con otros adultos que en su día pasaron también por el aro y siguieron exigiendo luego a las generaciones sucesivas los mismos esfuerzos de autodestrucción que a ellos les exigieron para considerarlos personas socialmente aceptables. Deberá competir por ganar todo el dinero que pueda porque el bienestar económico es un ‘valor social’ por el que será juzgado. Pero deberá avergonzarse, al mismo tiempo, de su interés de lucro porque toda la sociedad lo condena. Deberá competir por el derecho a ser considerado un ciudadano respetable con la observancia de las virtudes sociales. Pero deberá, al mismo tiempo, perderse el respeto a sí mismo valorando sus defectos para adquirir la apreciada humildad. Deberá utilizar su razón para producir tanto como pueda para el bien común. Pero deberá al mismo tiempo violentarla para aceptar todas las irracionalidades que esclavizan a la mayoría”.

El autista nace con un cerebro que le permite no olvidar jamás la conciencia de si mismo, de lo que constituye su propio interés; nace también con la posibilidad de no captar las necesidades ajenas (salvo que sean vitales) secundarias para dejarlos que, como él, hagan su vida de forma independiente; nace con la capacidad de no precisar aprobación ajena sobre su juicio, sobre lo que razona; pero también nace con la curiosidad y la capacidad de análisis de captar nuevos conocimientos para aprender más a nivel intelectual del mundo en el que vive.

Lo que hace un autista cuando se da cuenta de que no es racional depender de otros para vivir, que tiene que ser autosuficiente, porque no considera lógico que alguien que no lo conoce y no lo comprende intente resolver “sus necesidades” y le pida “soslayadamente” en base a un porque todo el mundo lo hace que sepa corresponder a esa generosidad. Entonces el autista desarrolla lo que Ayn Rand ha denominado egoísmo racional que son las relaciones horizontales equilibradas, donde la voluntad de ambas partes está equilibrada y acuerdan mutuamente recibir algo de valor por lo que intercambian, no son altruistas ni verticales, son dos iguales que pueden ofrecer algo sin temor de establecer una deuda.

Para clarificar esté concepto, citando a Ayn Rand:

“...(la visión tradicional del egoísmo) es la descripción de ‘Atila’: supone que uno juzga su interés propio de acuerdo al más estrecho rango del momento inmediato, sin ningún contexto, sin ninguna preocupación por el pasado o el futuro, sin tener en cuenta normas, principios, medios o fines, sin ninguna razón por las elecciones, acciones o decisiones de uno; supone que un capricho es el único estándar de valor y el criterio del interés propio, y que un ‘egoísta’ es aquél que actúa en base a sus caprichos. Esa es la premisa que estoy desafiando.”

“Un hombre racional tiene que reconocer que la razón no permite creencias o valores arbitrarios o subjetivos, y que el valor que él le atribuye a su propia vida y su derecho objetivo a ese valor están basados en la naturaleza de la vida en general y de la vida humana en particular; por lo tanto, si valora su propia vida, él ha de reconocer el derecho de todos los seres humanos a valorar sus propias vidas de la misma manera, por las mismas razones y en los mismos términos. Si él considera que mantener su propia vida por su propio esfuerzo y lograr su propia felicidad es su objetivo principal, entonces tiene que concederles el mismo derecho a los demás; si no se lo concede, entonces es culpable de una contradicción y no puede exigir ninguna validez racional para su propio derecho. Si él reconoce que vivir entre otros hombres (en una sociedad libre) es en su interés propio, no puede ser ciegamente indiferente a otros hombres, o ‘negarse a levantar un dedo para salvar una vida humana.’ Su autoestima y su interés propio son la raíz de su benevolencia hacia los demás. (Pero si los hombres le esclavizan para servir las necesidades de una sociedad colectivista, entonces esa raíz desaparecería y es cuando sentiría indiferencia, odio o desprecio por los demás.) Al perseguir su propio interés racional, no establece sus valores y sus metas por antojo o por lo que se le ocurre en cada momento; por tanto, sabe que no es en su interés propio – y que tampoco es moral ni práctico – robar, engañar, defraudar o asesinar a otros; y sabe también que no debe buscar lo inmerecido, es decir: tratar de obtener un valor producido por otros, o que pertenece a otros, sin tener su consentimiento voluntario y sin ofrecerles un valor a cambio. Si alega su derecho a la independencia, no puede vivir como un parásito del trabajo productivo de los demás (el comercio no es dependencia; la caridad y el robo sí lo son). Él elige y persigue sólo aquellos objetivos que puede conseguir con su propio esfuerzo; no necesita a otros ni depende de ellos en ningún aspecto fundamental de su vida. Y, sobre todo, mantiene la soberanía independiente de su propio juicio como su única guía.”

Ese egoísmo autista es marcarle a la sociedad que puede vivir en un colectivo, pero puede no ser dependiente de nadie más, puede colaborar si la otra persona corresponde en justa medida; en base de acuerdos, reales y próximos, sobre los beneficios mutuos. Donde si no obtiene nada para si o no puede darle nada al otro, entonces, vivirá en su mundo y su burbuja, esperando que los otros tengan la “amabilidad” de que como no interfiere en sus vidas, ellos no interfieran en la de él. Donde no exista el argumento de la verticalidad como beneficio... porque podrían recibir una respuesta en el mismo tenor a la que mencionó Mafalda al responder a un requerimiento materno (¡obedéceme, porque soy tu madre!): ¡Y yo soy tu hija, y nos graduamos el mismo día! Es decir, no reconocerles ninguna autoridad sobre la propia vida.

Referencias:
http://es.scribd.com/doc/85778837/El-origen-del-egoismo
http://objetivismo.org/egoismo-tradicional-por-ayn-rand/

jueves, 15 de noviembre de 2012

Captando señales de otras mentes


En más de una ocasión, como suelo comunicarme con la gente por escrito, me he maravillado de como personas que estamos en diferente parte del mundo, que no charlamos previamente, ni nos pusimos de acuerdo, desarrollamos en el mismo día un comentario o análisis de un tema desde nuestro particular estilo. Es como si estuviésemos conectados.

Ha pasado con científicos quienes, en continentes diferentes, descubren lo mismo casi al mismo tiempo. Quizá sea una coincidencia que, aún con distintos referentes, por un principio de razonamiento lógico se llegue a una misma conclusión.

No nos resulta extraordinario que dos personas enamoradas, cuando se alejan, mencionen que sienten en ausencia a la otra persona como si la tuvieran cerca y que alguno se comunique justo cuando la otra persona tiene un pensamiento intenso o anhelo de hablar.

Pero... me ha sucedido que, en ocasiones, siento a gente con la que sólo me he escrito, que no conozco físicamente, ni existe relación afectiva “real” sólo el vínculo de comprenderlos a nivel virtual. He percibido cuando tienen algún problema, cuando necesitan comunicarse con otra persona. En ocasiones estando ocupada en una tarea personal viene a mi mente un nombre y una sensación, y cuando reviso mi correo encuentro un mail de esa persona. ¿Será eso telepatía?

En la India, mediante resonancia magnética se estudió la mente telepata de una persona, famosa por acertar en sus percepciones y en una persona normal, encontrándose lo que denominan un “giro” en el área paralímbica (telépata hacia la derecha, no telépata hacia la izquierda).

Y de ahí me vino un poco de curiosidad... si los autistas tenemos más desarrollados nuestros sentidos sensoriales... ¿nuestro sistema paralímbico estará potenciado para captar las “ondas” cerebrales de los demás y comunicarnos a distancia, sin ningún, medio convencional?

Pero esa telepatía que difiere de la imagen común de “leer el pensamiento de otra persona”, como si nos hubiéramos metido en su cabeza y nosotros sólo fuésemos una antena. Sino entendida como captar una señal y comenzar a utilizar nuestro pensamiento lógico y nuestra memoria llegando por deducción (que podría replicarse en pruebas de laboratorio) a comunicar, prácticamente con las mismas palabras, lo que la otra persona pensó.

Para deducir, si esto fuese posible, curiosee en que función tiene en nuestro proceso mental la corteza paralímbica. Ésta serviría para calibrarnos desde nuestro proceso mental interno con lo que captamos del exterior.

En nuestro cerebro el pensar se refiere a las conexiones, denominada sinápsis, que se realizan entre neuronas donde interviene nuestra capacidad genética de establecer comunicación entre ellas, derivadas de pulsos y conducidas por neurotransmisores y neuroquímicos. Es un sistema muy complejo donde, si bien, se puede notar la preponderancia de la actividad cerebral en una región, cuando hacemos alguna acción, puede percibirse como está vinculado todo el cerebro en mayor o menor medida.

Recordando algo que leí... las neuromoléculas permiten la sintonía fina (son como el semáforo que dice sí o no pasa la señal hacia y desde la neurona, a través de los axones que son las raíces de las mismas) permitiendo la sinápsis. Quizá la corteza paralímbica sea la sintonía gruesa. (Aclaro a mis lectores que soy una persona curiosa en temas de neurociencia, tan sólo, y me está resultando fascinante. Por tanto algunas deducciones que haga pueden modificarse en cuanto conozca más del tema).

La corteza paralímbica, funcionando correctamente nos permite una buena adecuación de nuestro pensamiento a la realidad que vivimos. Cuando no funciona correctamente entonces puede darse una distorsión de la misma; como en el caso de la esquizofrenia (alucinaciones, falsa percepción de la imagen que tienen los demás de la persona y falsa interpretación de la persona hacia los demás).

La corteza paralímbica constituye un anillo que bordea las porciones mediales y basales de los hemisferios cerebrales, dividida en cinco estructuras (orbitofrontal causal, ínsula, polo temporal, circunvolución parahipocámpica y complejo cingular).

La que se ha estudiado a nivel percepción y acción es la situada en el lóbulo frontal (el que se ha definido como el lóbulo social; donde se procesan las percepciones de la memoria de corto plazo y las emociones). Las funciones que se le asignan son la de la imaginación y la toma de decisiones. Y participa en la formación de la memoria a largo plazo.


Es curioso estar notando que la corteza paralímbica se relaciona con muchas de las “diferencias”, en cuanto a procesamiento de información, que tenemos los autistas con los neurotípicos.

Por ejemplo, la Ínsula, es el área donde se procesan los sentidos y se integran con la memoria de los mismos, donde se advierte el dolor, donde se prepara el cuerpo para responder a una observación de un peligro potencial y donde es posible codificar esos estímulos internos y externos para transmitir nuestras sensaciones a otros.

Analizando mis reacciones, y comparándolo con lo que hace una persona neurotípica; yo no suelo reaccionar o advertir peligro de manera visual, a lo sumo considero si me aparto o continuo mi camino. Cuando observo gente en el 95% de los casos me genera una sensación neutra (sobre todo si notó que para ellos soy indiferente, que no me “ven”), un 1% corresponde a que los perciba por lo que considero bello y otro 4% a lo que ya identifique como “está alerta, cuidado”. Mis sensores de la amígdala y la ínsula para prepararme al peligro están en función de la proximidad de la gente, de su tono de voz y de una sensación de “pesadez” que percibo. En cambio, la gente neurotípica reacciona inmediatamente a lo que ve, sin importar la distancia y quizá sean engañados en la proximidad y por el discurso.

Otra diferencia notoria es que nosotros los autistas no solemos transmitir nuestros estados emocionales, no solemos asociar verbalmente una sensación con un estado de ánimo, en el momento en que sucede, quizá luego de reflexionar podamos deducir que lo que sentimos es...

La corteza paralímbica como mencione es la que procesa emociones, observaciones y memoria.

Cuando se relaciona con la amígdala (que es la que le añade el matiz afectivo a un estímulo visual), junto con otras áreas (ínsula, polo temporal y cíngulo infracalloso) en lo que se ha denominado en el sistema límbico como división anterior o basal (especialmente olfatocéntrica, que se relaciona con procesamientos implícitos relacionados con las emociones, los impulsos, la motivación, la conciencia social y las funciones vegetativas autonómicas viscerales, hormonales e inmunológicas). A menor actividad de la amígdala menor respuesta emocional. La amígdala, sugieren algunos autores, es la que nos da una emoción. Esta emoción, supongo, se coteja en primera instancia con nuestra memoria a corto plazo que está en los cuerpos mamilares del hipotálamo y después con nuestra memoria a largo plazo que está en el lóbulo parietal (de la coronilla para atrás).

Digamos que en los autistas nos saltamos la memoria a corto plazo y vamos directamente a cotejar la memoria de largo plazo, para determinar que hacer con esa sensación. Nuestra ínsula sólo se ocupa de percibir todas las sensaciones internas, más no de que podamos comunicarlas en ese instante, porque tenemos que ocupar nuestros procesos mentales en “reaccionar” lo más rápido posible, que será más lento que la reacción de una persona que utiliza su memoria de corto plazo.

Un ejemplo de como mi amígdala no reacciona tan rápido es que no siento temor ante un arma, o ante una persona hostil, salvo que note que el agresor está decidido a atacarme. Es decir, no “preveo” un peligro imaginario de forma visual. Una persona neurotípica asociaría automáticamente la amenaza, aún cuando viera a otro que es atacado y estuviera muy lejos del alcance. Sin embargo, sensorialmente puedo percibir “atmósferas” que me hacen estar alerta, que me dan “miedo” o me ponen “alerta” y usualmente me pasa cuando no me puedo desplazar “libremente entre la gente”, sino cuando estoy obligada a permanecer en algún lugar, donde se “imponen” otros. Ahí mi amígdala emocional funciona permitiéndome deducir si tengo que alejarme, reaccionar a la defensiva o, puedo quedarme haciendo cosas y distrayéndome.

En la relación de la corteza paralímbica con el hipocampo (parte de los componentes de la división posterior del sistema límbico junto con el restroesplenio, cíngulo posterior y cíngulo supracalloso), su función se vincula más a procesamientos explícitos, el procesamiento de la memoria, el análisis visuoespacial, la atención y la ejecución... y en este marco podría darse la “telepatía” (jajajaja luego de toda mi deducción porque había leído un resumen de la noticia del descubrimiento científico en Urgente24.com, donde sólo mencionaban la corteza paralímbica me encuentro con otra publicación donde mencionan que efectivamente es en el la zona paralímbica hipocampal).

En esta investigación también descubrí otro factor interesante. El sistema límbico entre otra de sus funciones “es el que permite la coordinación de las conductas de afiliación (relación) implicadas en las emociones sociales (agresividad, docilidad) y la cohesión social”.

Si consideramos que “la asociación entre el impulso sensorial y la emoción” es crucial para que pensemos y relacionemos datos de acuerdo a lo que asociemos de esos estímulos; como algo positivo, neutro o negativo; quizá una de las diferencias que tenemos los autistas es que la información que percibimos extrapersonalmente, conforme a nuestro contenido mental, a las personas como un estímulo neutro, no nos da para darnos cuenta de ellos, ni estudiarlos. Salvo en dos casos cuando sensorialmente sentimos agrado o repulsión. Sin embargo, las percepciones cognitivas extrapersonales nos atraen en grado sumo, por tanto, si captásemos una “onda”, una señal del ambiente que nos haga pensar en un tema y lo relacionemos con una persona en particular, y al comunicárselo y obtener una retroalimentación positiva... estaríamos haciendo telepatía.
 

Referencias
http://books.google.com.ar/books?isbn=8479039140 Neuropsicología Humana, Bryan Kolb, et al.(pag. 237)
http://books.google.com.ar/books?isbn=8498350352 Neurobiología de la conducta y neuropiscología. Jordi Peña Casanova (pág 18, pag.26)